Si bien se trata de instrumentos valiosos para las estrategias de candidatos, partidos y gobiernos, y provocan el debate y el análisis en el llamado círculo rojo, amén del morbo que generan entre los lectores de periódicos, revistas y portales informativos, lo cierto es que desde hace tiempo, las encuestas que se hacen para medir el posible resultado de una elección distan mucho de ser certeras y cada vez están más desprestigiadas.

Los propios políticos se han esmerado por convertirlas en base de estudio poco confiables; el negocio y el lucro de las empresas encuestadoras, son otro factor que contribuye a la baja credibilidad de los sondeos de opinión.

Fue en la campaña presidencial del año 2000 cuando empezó la debacle; para el 2006 hubo prácticamente una guerra de encuestas que mucho contribuyó a la polarización de entonces y a la percepción de que hubo fraude; en el 2012, ya eran muy poco creíbles, y ahora, en la antesala de la elección de este año, de la escasa credibilidad se pasó al desprestigio y la descalificación.

Cada empresa trae sus propios números y, faltaba más, cada una defiende los suyos. Hay analistas y columnistas que se agarraron de alguno de los consultores y sus sondeos los han convertido prácticamente en Biblia. Con ellos se acuestan y con ellos se levantan.

Cada uno de los (pre) candidatos a uno de los puestos de elección en disputa trae también sus encuestas escritas en piedra. Lo simpático es que casi todos dicen traer “la buena”.

En las redes sociales, además, cada encuesta publicada que no coincide con las simpatías de una u otra candidatura, es inmediatamente descalificada, vilipendiada por los seguidores de los afectados o afectadas.

Y como en estos tiempos de lo que se trata es de ganar las redes —cada candidato tiene un equipo dispuesto a dar la batalla—, pues resulta que una encuesta termina el día con más detractores que creyentes.

En este contexto sería interesante que las empresas encuestadoras se encuestaran. Tres podrían ser las preguntas: ¿Cree usted en las encuestas que se publican en los medios de comunicación? ¿Influyen los sondeos en su voto? ¿Cree en las encuestas que presumen los políticos para hacer campaña?

Después, incluso, podrían medirse las que más la rifan en fama y medios a su alcance. Más que revelador sería el resultado sobre su grado de aceptación y confianza.

Pero en fin… como no lo harán, que siga la pasarela, saquen las palomitas y cada quien su encuesta.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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