La amenaza de la CNTE: aprovechar todo el proceso electoral ya en marcha y llevar a cabo “acciones de impacto”; es decir, desestabilizar e incidir en el resultado.
La estrategia: sabotear los actos de los candidatos perredistas y/o de la Coalición Por México al Frente.
El objetivo: presionar al gobernador para regresar al “esquema de trabajo y acuerdos” que había con otras administraciones y recuperar espacios y minutas, con las que prácticamente controlaban el sistema escolar en el estado.
Así lo tienen definido los dirigentes centistas en Michoacán, nos dicen, en colusión con sus socios políticos de Morena. Y la “instrucción” es muy clara a sus bases: no aflojar y estar listos para las movilizaciones que llevarán a cabo, llegado el momento, durante las campañas constitucionales que, en el caso de las federales, inician el primero de abril.
Para sus planes y objetivos contarán, por supuesto, con la participación de los normalistas y grupos sociales y de comuneros históricamente afines; buscan, asimismo, pactar con otras organizaciones sindicales que “con toda seguridad jalarán con Morena”, cuyos estrategas electorales en Michoacán militaron en el PRD y tuvieron diversos cargos en los gobiernos de Lázaro Cárdenas Batel y de Leonel Godoy Rangel, periodos en los que se tejieron alianzas que aún perduran.
Por ahí va. La información sobre las estrategias político-electorales ya la tienen en el gobierno estatal, concretamente en las dependencias del Grupo de Coordinación encargado de la seguridad.
Vienen, pues, meses largos y complicados. La CNTE tiene un sólo objetivo: presionar para recuperar los espacios de control en el sector educativo. El proceso electoral en curso es, para sus dirigentes, la “gran oportunidad”. Quizás la última.
¡Ah! La dirección de su voto corporativo ya la tienen definida. Pero están, faltaba más, al mejor postor.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







