No, definitivamente no es el típico candidato. No es un político de arrebatos, ni ocurrente ni de exabruptos. No es un fajador.
José Antonio Meade Kuribreña es absolutamente todo lo contrario a Andrés Manuel López Obrador y a Ricardo Anaya, siempre con los guantes puestos y prestos para la descalificación del oponente. Muy distinto, incluso a ‘independientes’ como Margarita Zavala y Jaime Rodríguez ‘El Bronco’, que muy probablemente estarán en la boleta electoral del primero de julio.
Meade Kuribreña vino ayer a Morelia y se dejó ver en los terrenos que domina, donde se siente cómodo: la prudencia, la sensatez, el diálogo, la propuesta, la conciliación. Escucha y no cae en la provocación, ni siquiera en corto.
Dicen algunos que todo eso no le ayuda al (pre) candidato presidencial del PRI; para otros, Meade está en la campaña que no debía estar, que no era su tiempo. Sus opositores de Morena y PAN le juegan rudo y no se cansan de decir que “será sustituido”. Le traen marcación personal.
Pero vaya aquí una mirada diferente: si Meade mantiene esa postura y no se deja seducir por los rudos que también hay en el tricolor, representará para los mexicanos una bocanada de aire fresco, un auténtico tanque de oxígeno que mucho se le agradecerá en estos aciagos tiempos.
Sí, a pesar de la “marca” PRI y a pesar del presidente Enrique Peña Nieto y su bajísima calificación. Es más, nos atrevemos al pronóstico: si Meade se mantiene en esos terrenos y por ahí sigue su campaña, puede llevar la contienda a escenarios muy difíciles para López Obrador, Anaya y los independientes: hay millones de votantes, ciudadanos sin partido que no se tragan eso de las campañas a navajazo limpio. Que están hartos de la violencia y que esperan propuestas sensatas, creíbles, no chabacanerías.
En ese universo está el verdadero voto útil. El que hace la diferencia e inclinará la balanza a favor de uno u otro de los candidatos.
Los priistas, por su parte y para su suerte, pueden tener en la campaña de Meade, no el ejemplo a seguir, pero sí la tabla de salvación, la oportunidad de que una propuesta distinta les lave un poco la cara.
Claro que deberán poner de su parte y subirse al mismo tren, en lugar de andar ‘filtrando’ a la prensa de Ciudad de México supuestos enojos masivos y dudas sobre la pertinencia de la candidatura del ex secretario de Hacienda. ¿Tiene algún sentido? ¿Para quién van las amenazas ‘filtradas’ de campañas de ‘brazos caídos’ o de fugas hacia Morena?
La auto flagelación puede ser su condena. Y no hay purgatorio.
Pero volvamos a Meade. Es claro que apenas concluya el periodo de (pre) campañas y el priismo lo registre como su candidato presidencial, se concentrará en depurar su equipo de campaña y afinar la estrategia y propuesta con la que se presentará a partir del primero de abril, cuando oficialmente arranque la contienda.
Y va otro pronóstico: puede convertirse al final en el gran convocante al gobierno de coalición que le dé un nuevo rostro al modelo del poder político en México.
Para ello, requisito indispensable es la conciliación, el diálogo y el acuerdo… es decir, los terrenos de Meade, la agenda que quiere marcar.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







