Aceptemos lo inevitable: las precampañas y campañas electorales en México, cada vez con mayor ‘rigor’, nos ofrecen una alta cuota de estupidez.

Lo estamos viendo y escuchando por todo el país, a través de los medios de información y de las redes sociales. Aquí en Michoacán, el magisterio de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) aportan la dosis de irracionalidad y la desbordan al punto de la confrontación y la violencia.

Resulta difícil creer a los centistas lo que a gritos y en pancartas exponen en su estrategia de boicotear actos y mítines del PRD. Los “pagos” que reclaman al gobierno del estado, ¿qué tienen que ver con las precampañas de los aspirantes perredistas a los cargos de elección popular que se disputan? ¿A poco creen que los precandidatos tienen injerencia en la administración del Ejecutivo del estado?

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Evidentemente nada; a menos que, como parece ser el caso que se está registrando en Michoacán, los maestros saboteadores actúen por consigna, para intentar perjudicar a un partido (PRD) y favorecer a otro (Morena), como denunció el sábado el dirigente estatal del sol azteca, Martín García Avilés.

La militancia y/o simpatías de ese sector del magisterio hacia un partido o candidato podría entenderse y hasta considerarse parte del “juego político-electoral”… si no fuera por los métodos y las trampas que ello conlleva, riesgosas por donde se les vea.

Y aquí la cuota de estupidez: ¿o cómo se le puede calificar a la necedad de poner en riesgo la integridad y la seguridad de sus agremiados y ciudadanos en general?

Los centistas/morenistas y dirigentes políticos que estén alentando situaciones como las que dieron en Michoacán este fin de semana, están abonando a la violencia y sembrando para la polarización y la confrontación. La cosecha puede ser entornos que a nadie convienen.

Se necesita ser muy necio -por decirlo suavemente- para no darse cuenta de lo que pueden provocar.

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Y la trampa. Que se distingue en la estrategia -ya desvelada en otras ocasiones- de estirar la liga y provocar hasta obligar a la intervención de las fuerzas del orden o, en el caso de que se acrediten delitos electorales, las sanciones correspondientes; luego sigue la victimización… y más protestas, más movilizaciones. El chantaje y la presión, pues., que así se las gastan.

Por eso insistimos: resulta obligada la intervención tanto del Instituto Electoral de Michoacán y de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) para investigar y deslindar responsabilidades.

No está de más, también, llamar a partidos y dirigentes políticos a la sensatez.

Como quiera que sea, estamos a tiempo de evitar situaciones, reiteramos, que a nadie convienen.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!


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