París, Francia.- En Francia ya no habrá más “negros literarios”. Al menos, en cuanto a la expresión lingüística se refiere. El Ministerio de Cultura francés, encabezado por Françoise Nyssen, exeditora de Actes Sud y nombrada el pasado mes de mayo tras la victoria de Emmanuel Macron, dictaminó a finales de 2017 que era preferible el uso de prête-plume, pluma lista, en su traducción más literal, aunque alude al escritor fantasma.
Nègre litteraire lo consideran “inapropiado” para los tiempos que corren. Otra cosa es que estas personas que escriben un libro que después se publica con la firma de un personaje famoso para explotarlo comercialmente, dejen de hacerlo. La actividad en la sombra no es ilícita.
La decisión del gabinete de Cultura viene precedida por una larga campaña emprendida a comienzos del año pasado por la agente literaria Nelly Buffon, que lanzó su propuesta a través de la web change.org. En ella señalaba que muchas veces su agencia recibía peticiones para “hacer de negro”. “Veo lo que quiere decir, pero en Enviedecrire no usamos esta expresión. Preferimos hablar de un escritor fantasma. Cuando mi interlocutor mide el alcance de lo que acaba de decir, se muestra muy avergonzado. Les especifico que yo tengo sangre negra y que nadie, enfrente de mí, puede ignorarla”, escribió Buffon, quien señaló además que “la palabra negro – nègre, no noir– está definida por los diccionarios Larousse y Robert como un término racista y adjuntarle el atributo ‘literario’ no lo hace más adecuado”.
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La iniciativa online consiguió 20.777 firmas y no fue ignorada por el Conseil Representation of the Black Associations (CRAN), institución que presionó a Cultura para que instara a que no se hiciera uso de la expresión. “Es una palabra colonial. Y un término racista. Negro se usaba como adjetivo (neigre) para calificar un marrón oscuro y a veces como un sustantivo para designar una persona negra tratada antiguamente en algunos países como esclavo”, sostienen desde CRAN, que contemplaron la decisión de Cultura como una victoria.
De hecho, la palabra nègre, aún sin el adjetivo ‘literario’, procede de la trata de esclavos, en su mayoría del África subsahariana en el siglo XVI. Su popularización asociada a la literatura comenzó en el siglo XVIII y se afianzó en el XIX. Precisamente, el periodista y escritor Eugène de Mirecourt criticó en varios textos de 1845 a su gran enemigo, Alejandro Dumas, por el uso que hacía de los “negros literarios”, relacionando el término con el de “colaboradores esclavos”. Hoy, después de la decisión del Ministerio de Cultura, sería inadmisible.
En España
En España, por el contrario, no hay ningún movimiento ni en Cultura ni en la RAE para que cambie el uso de este término. Es más, si se hace una búsqueda en Google aparecen múltiples artículos sobre cuánto cuesta un negro literario o qué es un negro literario. Hasta las agencias literarias utilizan el término como reclamo. Y ni siquiera hace falta escribirlo con comillas, como señala la Fundeu, consultada al respecto. En el diccionario de la RAE, la acepción asociada al sustantivo “negro” apareció por primera vez en la edición de 1970 y a día de hoy se puede encontrar en la acepción número 17 con el significado de “Persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios”. No posee ninguna marca que considere la acepción peyorativa ni de uso despectivo. Sin embargo, la expresión sí provoca cierto recelo: en 2010 se estrenó la película de Roman Polanski The Ghost Writer y en España, en vez de usar la traducción del original (El negro literario), se prefirió titularla como El escritor.0
Fuente: ElPaís
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