La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) está enseñando su peor rostro y evidenciando el rol que jugará en las próximas campañas electorales, federales y locales: la confrontación y la desestabilización. Será su forma de apoyar al candidato presidencial que les ha prometido echar abajo la Reforma Educativa, Andrés Manuel López Obrador.

Es conocida la alianza de la CNTE con el tabasqueño, quien ahora también ha tendido lazos con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), sobre el que aún mantiene una fuerte influencia la maestra Elba Esther Gordillo, a través de sus personeros y operadores políticos.

Nadie puede llamarse sorprendido por estas alianzas; pero el caso de la CNTE y su hermandad con Morena en Michoacán debe seguirse con lupa y obliga a las autoridades electorales a actuar de inmediato para evitar que su activismo político se desborde y escale a situaciones de violencia y declarada guerra sucia.

El híbrido Morena-CNTE buscará a toda costa mermar las campañas de los candidatos del PRD, sobre todo en los municipios en los que va en coalición con el PAN y el MC, con el propósito de enturbiar el proceso, debilitar candidaturas y ahuyentar la participación ciudadana.

El mecanismo es bien conocido: con su bandera de sindicalismo ‘demócrata’ y ‘combativo’, la CNTE organizará protestas y manifestaciones en contra del gobierno en eventos del PRD, para provocar y enfrentar a su militancia.

Detrás, los morenistas buscarán capitalizar electoralmente la situación, lanzándose contra el PRD y la Coalición por México al Frente. Ese escenario ya está muy visto, y lo quieren volver a repetir.

Por eso, porque hay antecedentes, de oficio, el Instituto Electoral de Michoacán (IEM) e incluso la misma Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) deben abrir un expediente y deslindar responsabilidades por los ataques y agresiones de que ha sido objeto, en este caso, el precandidato del PRD al Senado, Antonio García Conejo y sus seguidores.

La dirigencia del PRD, por su parte, debe presentar las denuncias correspondientes y exigir a las autoridades electorales el esclarecimiento de los hechos, así como las sanciones respectivas a los responsables e instigadores de la violencia.

El dirigente estatal Martín García Avilés igualmente debería ordenar una investigación interna para descartar que desde el propio partido pudiera haber ‘fuego amigo’ contra algunos precandidatos, orquestado por grupos que se sienten desplazados o que mantienen vínculos con Morena y la CNTE.

Decimos que la irrupción de los centistas en los actos de García Conejo pueden tipificarse claramente como delitos electorales por dos razones: primero, el ex alcalde de Huetamo y ex diputado federal se perfila para encabezar la fórmula de la Coalición Por México al Frente en Michoacán, y por eso se ha convertido en ‘blanco’ de los ataques de otras alianzas y coaliciones electorales; segundo, porque resulta incomprensible que los maestros enviados a boicotear sus actos le exijan solución a una serie de demandas que el precandidato, sencillamente, no puede atender.

Mención aparte merece la violencia con la que pretenden sabotear el proselitismo del precandidato perredista.

¿Qué pretenden los dirigentes de la CNTE instigando a la violencia? ¿Ensuciar el proceso interno del PRD? ¿Manchar desde ahora todo el proceso? ¿Desestabilizar al gobierno estatal con amagos de violencia en las campañas? ¿Chantajear al gobernador?

Puede ser que busquen todo eso. Y más. ¿A cuenta de quién? ¿De López Obrador y de Morena, como se presume?

Porque ese rostro, el peor que está enseñando la Coordinadora no tiene otro nombre más que el de la violencia, la provocación y la desestabilización.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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