La crisis de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) tiene muchos rostros y uno de ellos, lamentable, es la falta de transparencia que durante años se incubó, convirtiéndose en elemento orgánico de la propia institución. Dejaron crecer los problemas y nadie hizo nada. Hoy, todos se esconden y se dan golpes de pecho.
El caso es que el problema ya no sólo tiene que ver con la falta de transparencia en el uso de los recursos públicos que se le asignan; se trata ya de un tema político y social que trasciende, incluso, a los michoacanos.
Tan claro como esto: la UMSMH no es una isla autogobermable y si no hay una convocatoria a la reforma estructural que ataque de raíz sus añejas taras, difícilmente volverán a fluir los recursos extraordinarios que solventen sus necesidades.
O puede que los haya, pero el costo para la propia comunidad académica, estudiantil y laboral será altísimo: la universidad -qué triste es decirlo- se convertirá en un pasivo para las finanzas públicas que, en el corto plazo, verá mermados sus proyectos académicos, de investigación, infraestructura, equipamiento y, por supuesto, sus condiciones salariales y prestaciones.
Para entonces, el tema de la reforma (que incluye el régimen de jubilaciones; “prestaciones” exorbitantes a algunos de sus funcionarios y ex funcionarios y la nómina oculta) será peccata minuta: sí o sí. No habrá otro camino. Más correcto es decir que ya no lo hay.
El tiempo, contra lo que pueden estar pensando el rector Medardo Serna y compañía, corre en su contra. Por donde lo quieran ver.
Y si lo que esperan es que “bajen” los recursos para pagar los salarios y aguinaldos que se deben a trabajadores y maestros, pues sólo están complicando más el de por sí empedrado camino.
Error mayúsculo sería, además, atar el futuro de la UMSNH al proceso electoral en marcha y a los intereses de un candidato y su campaña.
Y ojo, mucho cuidado que por ahí ya se oyen las voces en esa direccion, que son las de quienes se han aprovechado de la falta de transparencia que se incubó.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







