Consummatum est. Y sí, desde ayer el panista Ricardo Anaya es también precandidato del PRD a la Presidencia de la República. La imagen del ex dirigente de Acción Nacional enfundado en un chaleco amarillo, rodeado de dirigentes perredistas en la sede nacional del partido que durante más de dos décadas aglutinó el mayor número de expresiones y corrientes de izquierda, pasará a la historia.

Pase lo que pase en las campañas que oficialmente empiezan el próximo primero de abril y sea cual sea el resultado de la votación del primero de julio, esa imagen será referente. Parteaguas para la derecha y la izquierda de este país.

Y si los priistas —decíamos ayer— encaran retos y compromisos inéditos en su historia, no se quedan atrás perredistas y panistas, cuyos dirigentes tendrán que explicar la Coalición y sus alcances, sí a las militancias, pero sobre todo a los votantes sin partido, a los antipriistas y antisistema para crear —si esto es posible hoy en nuestro país—, un nuevo espectro electoral. Una nueva cultura de participación y novedosas formas de integración de gobiernos.

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Ese es el gran reto y compromiso; el que cuenta, porque así está marcado en el papel y en el centro de los mensajes. A ver si es cierto; a ver hasta donde alcanza.

Una virtud tiene esta coalición de panistas y perredistas: no se han complicado la existencia sus dirigentes, que se aceptan reconociendo sus diferencias.

No han caído en los excesos morenistas del bien y del mal, del mesías que redime a los pecadores y demás cuentos, ni tampoco en el culebrón del ‘ciudadano’ José Antonio Meade pidiendo que los priistas lo hagan suyo.

PRD y PAN han sido más claros, lo mismo que el MC, el otro partido de la Coalición. Y eso hay que reconocerlo. Desde que conformaron el Frente Ciudadano por México y anunciaron que explorarían la posibilidad de la alianza electoral, no escondieron sus diferencias ni ideológicas ni históricas; es más, tanto las exhibieron que se antojaba impensable el acuerdo.

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Los intereses igualmente pesaban. Tampoco los ocultaron ni renegaron de ellos. También hay que decirlo. E hicieron de ello otra virtud: respetaron sus intereses, los de unos y los de otros.

¿Pragmatismo puro? Por supuesto que sí: la Coalición Por México al Frente no habría podido nacer sin esta condición.

¿Que el PAN la necesitaba para ser competitivo y el PRD para sobrevivir? Puede ser. Tampoco rehuyeron la pregunta… y por eso encontraron la respuesta.

Ahora lo que sigue: explicárselo a las militancias y crear un nuevo nicho electoral.

La imagen del precandidato presidencial del PRD, el panista Ricardo Anaya, empieza a ser ya el referente.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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