Se cumplió el primer mes de las simuladoras “precampañas” presidenciales y lo más destacable es la violencia política que están generando los aspirantes, sus asesores, correligionarios y simpatizantes, que en las redes sociales se vuelven verdaderos fanáticos.

Aquí en este espacio alertamos sobre ese riesgo desde que se desarrollaban las campañas políticas por la gubernatura del Estado de México el año pasado. No faltaron quienes nos acusaron hasta de estarla invocando con fines aviesos, sobre todo porque recordamos el trágico 1994.

Pero lo qué hay es memoria. Y sigue habiéndola. Por eso hoy lo volvemos a advertir: de la crispación política hay sólo un paso para la social, más en una sociedad tan polarizada y tan golpeada por las distintas crisis que padecemos. La debilidad del gobierno federal, traducida en casi nula credibilidad, es otro factor de alarma.

Desarticulado en sus áreas medulares quedó, además, el equipo de Enrique Peña Nieto con los tantos cambios que ha ordenado desde que designó a José Antonio Meade candidato del PRI a la Presidencia. ¿Quién trae agarrados los hilos del gobierno federal en Hacienda, en política interior, en seguridad, en política social, en derechos humanos? Faltan diez meses y 15 días para que el sexenio termine. ¿Cómo va a terminar?

Pero volvamos a las “precampañas” y la violencia que están incubando. Y no se vale que alguno quiera hacerse a un lado o pretenda pasarse de listo haciéndose la víctima. Todos están contribuyendo a enrarecer el ambiente político y social en el país con sus declaraciones, acusaciones y desplantes.

La llamada “guerra sucia” con carretadas de lodo ha dominado “el debate”, en lo que pareciera ser rounds de sombra del berenjenal que nos espera a partir del primero abril, cuando “empiecen” las campañas, según el muy singular y nada respetado calendario electoral mexicano.

Ninguno está “libre de pecado”, ninguno se salva. Pero de entre todo el salpicadero, quizás es el más dañado hasta ahora es el priísta Meade, a quien un día sí y otro también, comparan su campaña con la de Luis Donaldo Colosio en 1994, afirmando que será “sustituido”.

¿De dónde salió esa versión? ¿Quién la generó? La repiten con “convencimiento” Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya y no son pocos los analistas y periodistas que lo “sugieren” dándolo prácticamente como un hecho.

¿Y cómo lo van a sustituir? ¿Hasta dónde va a llegar la perversa insinuación? Sería bueno que contestaran quienes la propalan. De verdad, !no se miden!

Sí, también condenables las pintas en Venezuela para desacreditar en México a López Obrador, y criticable que se pretenda aprovechar su edad y enfermedades para descalificarlo.

Deleznable, por supuesto, es que las principales críticas al panista Anaya invadan su vida privada y la de su familia…

Podríamos seguir. La lista es muy larga… pero con esos tres botones de muestra bastan para retratar la violencia política que están provocando, unos y otros. Ninguno está exento.

¡Ah! Y por cierto, ¿dónde está el árbitro electoral?

Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí