Como nunca, estamos viendo campañas políticas confusas y difusas. Y si esto pasa en el mal llamado periodo de “precampaña”, imagine lo que nos espera en los próximos meses en que habrán de definirse las candidaturas locales. Será peor.
Malamente, las ideologías son cosa del pasado. Las doctrinas partidistas y los principios que durante décadas enarbolaron las tres principales fuerzas políticas nacionales quedaron en el cajón de los recuerdos, en el mejor de lo casos. Vaya, hasta los partidos “satélite”, la famosa chiquillada, se sabía a qué jugaba y a quién servía.
Tiempos idos aquellos. Hoy estamos frente a escenarios que por muy pragmático que sea el elector o el observador, provocan incertidumbre y sorpresas; los propios militantes, seguro que ya no saben ni qué hacer. Un día sí, otro no y al siguiente quién sabe.
Hoy, como nunca en México, se cumple aquello de que en política lo único cierto es lo que ya ocurrió.
Ejemplos del tortuoso espectro electoral mexicano se dan todos los días y en todas las fuerzas políticas. En los meses y años pasados, quizás quienes más repartieron castañas fueron los partidos que se llaman de izquierda; pero para no quedarse atrás, en el PRI decidieron “ciudadanizarse” -como si eso bastara para esconder sus penas y vergüenzas- y en el PAN se multiplicaron tanto que terminaron por encimarse para luego desgajarse: hoy andan panistas por todos lados… pero sin rumbo.
Los “independientes” han contribuido con sus puños de arena. ¿Por qué? Porque salvo excepciones, los más conspicuos de esta tanda, provienen de largas militancias: Margarita Zavala, El Bronco, Alfonso Martinez, Enrique Alfaro, Cocoa Calderón…
Se van de sus partidos, pero siguen siendo lo que siempre han sido. ¿Quiénes los siguen? ¿Quiénes votarán por ellos?
Y para colmo las alianzas y coaliciones. ¿Cómo entender que algunos dirigentes partidistas se quieran en un municipio o en un estado y en otros no sólo no se quieran, sino que hasta se desprecien?
Lo que entre antier y ayer pasó con los panistas quedará para la historia. De por sí vueltos locos por la renuncia en octubre pasado de Margarita Zavala y la división que ha provocado la candidatura de Ricardo Anaya, los del blanquiazul seguro que se sacuden la cabeza para tratar de entender dónde están ahora y quiénes son.
¿Votarán por Anaya? ¿Lo harán por Zavala? ¿Optarán por José Antonio Meade, al que muchos ven más azul que tricolor?
¡Pobre militancia panista! Tan lejos de Gómez Morín y tan cerca de los… precandidatos únicos.
Pero en la izquierda andan igual… o peor. Y ya no se diga en el PRI, porque aún no pasan el trago más amargo de haber dejado la candidatura presidencial en manos de un ajeno.
Las facturas se cobrarán en las campañas que arrancan -en su segundo episodio- el primero de abril.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







