Muchas explicaciones deben estar preparando los priistas ante el nuevo escándalo de probable corrupción que a todos los salpica, incluyendo a su candidato presidencial, José Antonio Meade, a Luis Videgaray y al ex líder nacional del partido tricolor, Manlio Fabio Beltrones.
La Presidencia de la República es lo que está en juego. Y si las revelaciones y las investigaciones escalan más arriba de lo que hasta ahora han llegado, en pleno desarrollo de las campañas, podría ser catastrófico para los intereses del PRI.
Por lo pronto, ya fue detenido Alejandro Gutiérrez, quien fuera secretario general adjunto del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, mientras fue encabezado por Beltrones. El señalado Gutiérrez habría sido uno de los principales ‘operadores’ para desviar 250 millones de pesos a las campañas de los candidatos priístas en varias entidades, en los comicios de 2016.
La autorización de los recursos ocurrió -según la narrativa de algunos implicados- cuando aún Videgaray era secretario de Hacienda. La triangulación que se ordenó sería de la siguiente manera:
De la dependencia salían los recursos hacia los gobiernos estatales involucrados (Chihuahua, Veracruz y Tamaulipas, entre otros), que a su vez los destinaban al “pago” de servicios de empresas inexistentes o controladas desde el gobierno. Desde estas empresas, el dinero llegaba a las campañas.
¿Puede sostenerse una campaña presidencial sin aclarar estas acusaciones? Difícilmente. Meade lo sabe, y lo saben Aurelio Nuño y Enrique Ochoa Reza. Lo sabe también el presidente Enrique Peña Nieto.
La decisión que tomen en los próximos días sobre el caso marcará buena parte del rumbo de la campaña de Meade y, sin duda, el futuro del PRI, partido que hoy, precisamente por la carga de la corrupción, no tiene un candidato presidencial surgido de sus filas.
Ahora las preguntas: ¿Querrá Meade echarse a la espalda toda esa carga? ¿Se atreverá a desmarcarse de las truculencias de Videgaray, su amigo y gran impulsor? ¿O el golpe es para Beltrones?
Hay que destacar que los gobernadores presuntamente participantes en la trama son ni más ni menos que los Duarte, sinónimo de corrupción para los mexicanos, tanto el chihuahuense César como el veracruzano Javier. Y con ellos el también acusado tamaulipeco Egidio Torre Cantú.
Puro tiburón…
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







