Acertadamente, Leo Zuckerman lo describió como un conferencista TED en su presentación como candidato de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC) en el World Trade Center el 14 de diciembre. Luego, ni siquiera eso. Ricardo Anaya se perdió. Cinco días de (pre) campaña presidencial y es como un fantasma.

Tal vez son pocos días para juzgarlo, dirán algunos. Pero tampoco los tiempos son como para tirarse en la hamaca, tomarse una fresca agua de coco y creer que una campaña se gana mirando las nubes pasar. ¡Ah! Tampoco se puede esperar mucho con palomazos rockeros en Ciudad Neza con Juan Zepeda.

Cinco días de (pre) campaña y Anaya no ha puesto tema en la agenda nacional. Nada para el debate. Mucho menos para el análisis y la reflexión del elector.

Hoy estará en Morelia y a quien le gustó presumirse como el “joven maravilla” de la política en el país y se le encumbró como un polemista preparado y ganador, debe exigírsele más, pues lo ofrecido y visto en el arranque dista mucho de la campaña presidencial que se hubiera esperado de un personaje político que, como el queretano, a tantos hizo a un lado para cumplir su anhelo.

Ahora bien, frente a sus competidores del PRI y de Morena, Anaya entra en desventaja en cuanto a la definición y tamaño del llamado voto cautivo. Veamos:

A nadie queda duda de que Anaya, junto con Lopez Obrador y José Antonio Meade estarán en las boletas electorales el primero de julio de 2018 y que seguramente de entre ellos tres saldrá el próximo presidente de la República.

Y a partir de esta certeza, surge la segunda convicción: el voto del futuro candidato de la Coalición Por México al Frente es muy volátil y se pierde frente al voto duro con que cuenta López Obrador y el priismo que, como se ve, está haciendo uno más de los suyos a Meade, quien además contará con el voto panista que le pueda acarrear el dolido y marginado calderonismo, de los sectores sociales medios (anti Peje) y empresariales encantados con la propuesta del ex secretario de Hacienda.

Anaya, pues, tiene que aprovechar estos dos meses (periodo que al INE gusta que se le diga precampaña) para convencer a la militancia panista, a la perredista, a la que haya del MC en el país y, sobre todo, al votante sin partido, anti sistema y anti PRI, que por ahora más bien parece captar el moreno de Macuspana.

En cuanto al voto anti Peje, que es mucho en el país, no necesariamente se direccionará al panista Anaya, sino que se lo estarían repartiendo los “independientes” que alcancen a cubrir los requisitos del órgano electoral.

Este es el escenario que pinta para el 2018. Nada fácil y menos para Anaya, quien como candidato se dejó ver como un buen conferencista TED.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!


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