Morelia, Michoacán.- La fe de la población moreliana converge en los alrededores del Santuario Guadalupano con los cientos de penitentes que arrodillados recorren la calzada Fray Antonio de San Miguel para dar gracias a la Virgen de Guadalupe en su día.

El Jardín Morelos luce repleto de puestos de las famosas cañas, a través de los cuales varios feligreses recorren los estrechos pasillos, algunos vestidos de huachos o guarecitas, para rendir tributo con grandes arreglos florales y saludar a la Madre de los Mexicanos.

Entre cañas, fritangas y chucherías, jóvenes, niños y parejas adultas deciden cumplir su manda, se postran en el suelo, se persignan y comienzan su travesía de casi dos kilómetros. Sus rodillas soportan la travesía espiritual; su mente es su apoyo en la súplica personal a la Virgen de Guadalupe. Unos van con las rodillas descubiertas rozando la cantera. Otros más, con apoyo de su familia usan cobijas para amortiguar su andar de rodillas.

Entre cánticos, rezos y murmuros van los peregrinos, mientras que otros en masa llevan la alegría de la música de banda de viento para agradecer los favores del año, y algunos más se quiebran en llanto al ver la imagen de la Emperatriz de América al entrar al templo mariano.

En el interior de la estructura de origen franciscano, adornado de esa mezcla churrigueresca y neoclásica, se dividen tres filas: dos para aquellos que entran a pie propio y una en el centro, para dar paso a los arrodillados que vienen en un éxtasis espiritual, entre el cansancio físico y el fervor religioso.

De repente los cantos inician desde la multitud, proclamando su amor a la Guadalupana, y así este recinto se transmuta en una fiesta a la alanbanza de la Virgen Morena, bajo un sinfín de expresiones folclóricas que caracterizan al pueblo mexicano y  hacen vibrar el interior del templo construido en 1718.

Hoy culminan cuatro días de peregrinaje, hoy se cierran ciclos y se abren promesas. Algunos descansan ya tranquilos en la sacristía, en reunión familiar para recobrar el aliento, otros salen para tomarse la foto familiar junto a la María Guadalupana, y después aprovechar la verbena popular del Cañas Fest.

Tras casi medio mes de celebración, hoy en su ferviente celebración el fervor por la Virgen de Guadalupe y la fe quedan asentados en cada uno de los feligreses, que recuerdan la humildad de aquel indio, ahora santo, San Juan Diego, que mostró al mundo el amor de una madre que protege a los mexicanos hasta el día de hoy.

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