El éxito o fracaso de Meade depende de los panistas

El éxito o fracaso de José Antonio Meade Kuribreña como candidato del PRI dependerá… de las “fuerzas vivas” del PAN. ¿Se había visto esto antes? No, jamás. Será la primera vez, como por primera vez el tricolor tendrá un candidato que no es de los suyos, que no es militante.

Meade, pues, empieza con tres cargas a la espalda, que pueden ser muy pesadas a la hora de la campaña: no es priísta, pero tiene que fungir serlo; no es militante, pero tendrá que dar la cara por el desprestigio de quienes ahora lo encumbraron, y arrancará desde una tercera posición en casi todas las encuestas en un país donde los estados con un mayor número de ciudadanos empadronados no pintan de rojo.

Por eso decíamos desde las primeras líneas que el éxito o fracaso de Meade estará sujeto a la aceptación o rechazo con que lo reciban simpatizantes, militantes y hasta cuadros dirigentes de Acción Nacional, partido inevitablemente dividido y maltrecho por sus pugnas internas.

Es más, nos atrevemos a decir que la apuesta del candidato Meade y quienes coordinarán en los hechos su campaña -Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray- será por atizar la división en el PAN y pactar con los inconformes y maltratados por la ambición de Ricardo Anaya.

Sin esa alianza, a la hora de la verdad, no se ve cómo y por qué el ex secretario de Hacienda puede crecer en el ánimo de una sociedad en la que, además, es el menos conocido, en comparación con personajes como Andrés Manuel López Obrador, Margarita Zavala y ‘El Bronco’, que seguramente también estarán en la boleta electoral.

Y si bien no hay imposibles, hoy por hoy, las proyecciones electorales no son nada favorables para Meade. Si no lo creen, demos una revisada a cómo está el país:

De las cinco entidades con mayor número de ciudadanos en el padrón electoral, el PRI no las trae. Empezamos por el Estado de México, donde este año hubo elecciones y sus números nominales fueron inferiores a Morena; su candidato Alfredo del Mazo ganó por “un pelito”. Luego sigue Ciudad de México y ahí el PRI ni siquiera pinta.

Tercer padrón más abultado es Veracruz, gobernado por Acción Nacional y cuna de una de las historias que puede calificarse entre las peores de la corrupción priista: la de Javier Duarte.

Para entendernos: en Veracruz se consumó lo peor de lo peor del PRI. Imposible entrar ahí, punto.

Sigue Jalisco, donde todos los pronósticos apuntan a que los priístas van para fuera del gobierno estatal y con una ciudadanía históricamente más ligada a los postulados del PAN, capaz de hacer crecer o derrumbar una candidatura.

Lugo, en quinto lugar, está Puebla, estado gobernado por el PAN y donde el derrumbe priísta ha sido aprovechado por Morena, que hoy luce como la segunda fuerza.

Si seguimos con la revisión, el panorama se oscurece aún más para Meade:

Hay otras once entidades con padrones superiores a los dos y tres millones de ciudadanos con credencial de elector y en ninguno aparece el PRI como la fuerza política dominante.

Es más, la mayoría de esas entidades son gobernadas por panistas, un perredista y un independiente Va la lista: Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Guanajuato, Michoacán, Tamaulipas, Querétaro; en este bloque de estados que concentran los votos en el país, a duras penas el PRI gobierna en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y acaban de reconocerle el triunfo en Coahuila.

¿Le seguimos? Con esta muestra basta para el análisis y la conclusión: el éxito o fracaso de Meade… dependerá del PAN. No hay de otra.

Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí