De cómo el ‘joven maravilla’ se creyó dueño de la candidatura

La reunión se dará esta misma semana. Eso nos aseguran; y ahí estarán los dirigentes de los partidos frentistas, Alejandra Barrales, Ricardo Anaya y Dante Delgado, y los aspirantes a la candidatura presidencial Rafael Moreno Valle, Silvano Aureoles y Miguel Ángel Mancera.

Personajes de esos partidos que han estado al tanto de las negociaciones de la coalición electoral, como Santiago Creel, Marko Cortés, Jesús Ortega y Jesús Zambrano tienen la de que esta misma semana podrá quedar resuelto el tema del método de selección de candidatos, sin fracturas ni mucho menos rupturas.

Un par de debates y encuestas para medir a los aspirantes presidenciales parece ser la salida; está descartado, completamente, la consulta a la ciudadanía. Ya ni debería ser tema de las propuestas y de los análisis en los medios, sugieren los que conocen del pulso de las dirigencias partidistas.

Y son tajantes en el descarte: no hay tiempo, no hay condiciones ni recursos para organizar una consulta confiable y tampoco hay interés. Punto. Así de contundente es el argumento.

Pero hay un asunto más de fondo aún, del que nadie de los involucrados habla en público ni expone los detalles: desde los primeros acercamientos y acuerdos para formar al que bautizaron como Frente Ciudadano por México, se estableció que la candidatura presidencial estaría reservada para el PAN, en tanto que para el gobierno de Ciudad de México sería para el PRD; así lo convinieron y con ese compromiso registraron al Frente en el Instituto Nacional Electoral (INE).

Los dirigentes y negociadores del PAN, PRD y del MC quedaron satisfechos con el acuerdo de principio o principios de acuerdo -como se le quiera ver-, sobre la base de que Acción Nacional gobierna un mayor número de estados de la República y aparecía -entonces y ahora- mucho mejor posicionado en las encuestas.

¿Cómo, en el caso panista, se dio el hecho de que parecía que se trabajaba por imponer la candidatura de Ricardo Anaya? Fue una sucesión de hechos, que empezó mucho antes de la creación del Frente: desde que ganó la presidencia del CEN de su partido, el joven queretano empezó a medir sus posibilidades, alentado en gran medida por los enormes espacios que entonces la dedicaban los medios de comunicación, todos -o casi todos- ensalzando sus cualidades y talentos. ‘El joven maravilla’, lo motejaron.

Luego vino su gran momento: el triunfo de su partido en los comicios estatales de 2016, ganando siete de las doce gubernaturas que estuvieron en juego, algunas en alianza con el PRD y el MC, como fue el caso de Veracruz.

Anaya no sólo dirigía, tenía mayoría en su partido; ganaba elecciones; construía consensos con otras fuerzas partidistas; se imponía en debates… era ‘el joven maravilla’. Y fortaleció sus aspiraciones presidenciales.

Así pues, durante meses y meses Anaya construyó su plataforma dentro del panismo y cuando llegó el momento del Frente, ya traía los suficientes amarres y cuerda para sentirse ‘dueño’ de la candidatura presidencial del blanquiazul. Su principal rival, Margarita Zavala, se disminuía por los propios estatutos del partido, que no contemplan la consulta abierta a los no militantes como método de selección

Anaya, pues, llegó a las negociaciones del Frente en esa condición. Y como los negociadores acordaron -pragmatismo puro- que la candidatura presidencial de una eventual coalición electoral estaría reservada para los azules…

Aquí están ahora: tratando de que no se les queme el pan.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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