Por primera vez en más de un siglo los mexicanos tendrán la posibilidad de reelegir a los políticos que los representaba. La figura de la reelección, rechazada como la peste durante casi todo el siglo XX, fue aprobada en 2014 y comenzará a regir en 2018. Numerosos expertos aseguran que, en principio, la idea de permitir a los políticos optar por continuar en el mismo cargo no es cuestionable; el problema, advierten, son los consabidos vicios inherentes de la política mexicana.
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Morelia, Michoacán.- La frase —“Sufragio efectivo, no reelección”— fue adoptada de manera natural como lema de campaña de Francisco Ignacio Madero, el único que por entonces se atrevió a desafiar el poder omnipresente de Porfirio Díaz, el que compitió con él por la Presidencia de la República.

Eran otros tiempos. Entonces, de diferentes maneras, don Porfirio llevaba la friolera de 35 años en el poder, y su planteamiento de construir un país “desde arriba” chocaba frontalmente con la alicaída condición de miles de campesinos, obreros, ciudadanos que miraban la fiesta desde afuera. El objetivo principal, para Madero y para otros tantos, era uno y acorde al reclamo de los nuevos tiempos: quitar a Porfirio del poder.

Pero la historia siempre está llena de sinrazones.
El primero que había utilizado la famosa frase fue el propio Porfirio Díaz, hastiado luego de la nueva reelección de su contendor principal, Benito Juárez. El mismo Díaz al que 35 años más tarde otros obligarían a retirarse imponiéndole el mismo lema. El mismo lema con el que entonces concordaban todas las mentes pensantes de la época, y que hoy, más de un siglo después, casi todas las mentes pensantes perciben como una sinrazón estructural.

La tendencia de los intelectuales de hoy, con pocas excepciones, parece ser una e inequívoca: sí a la reelección.
Sí a la reelección
El espíritu antirreeleccionista que surgió con la Revolución ya es historia. La reforma, aprobada en febrero de 2014, permite a diputados, senadores, legisladores locales, alcaldes, regidores y síndicos reelegirse, algunos de ellos a partir de 2018. ¿El argumento? Los mismos para quitar de en medio a don Porfirio, pero al revés.
Tres años en el desempeño de un funcionario, dicen los especialistas, o seis en el caso de los senadores, es un periodo insuficiente para implementar políticas efectivas y dar continuidad a proyectos. En el futuro los senadores podrán ser reelectos por 2 periodos consecutivos, con lo que estarían hasta 12 años en su curul. Y los diputados podrán ser reelectos por 4 periodos consecutivos, sumando también 12 años en el cargo. Eso, aseguran, obligará a los honorables a profesionalizarse y rendir cuentas.
Para la población general, mientras tanto, el tema es difuso y la mayoría critica abiertamente el nuevo esquema. ¿Por qué una frase marcada a fuego en el alma de los mexicanos, que aparece incluso en los billetes de circulación ordinaria, deja de pronto de ser una verdad? ¿Por qué los análisis de los analistas actuales apuntan justamente en sentido contrario? La ecuación, que entre académicos tiene muchos adherentes y pocos detractores, integra una palabra que se repite en la mayoría de los análisis: plurinominalidad.
Ventajas y desventajas: hablan los expertos
Los conocedores del tema esgrimen varios argumentos, en favor y en contra.
Entre las ventajas de la reelección están:
- Permite a los ciudadanos calificar en las urnas el trabajo de quienes los representan;
- Impulsa que las agendas legislativas y planes de los congresistas tengan visión de largo plazo;
- Fortalece la relación entre legisladores y ciudadanos;
- Limita la influencia de las cúpulas de los partidos en las decisiones de los legisladores;
- Avala la rendición de cuentas;
- Aumenta la experiencia y profesión de los legisladores;
- Permite la continuidad y consistencia de las funciones legislativas;
- Avala la estabilidad política y legislativa;
- Alienta la eficacia parlamentaria, en el sentido de impulsar a crear leyes que realmente sirvan a los ciudadanos.
Entre las desventajas de la reelección, los expertos exhiben:
- Evita la sana renovación del Congreso y el rejuvenecimiento de los cuadros partidistas;
- Incentiva la corrupción, dado que puede otorgar a los legisladores el tiempo necesario para ocultar hechos o incluso delitos;
- No mejora el rendimiento parlamentario, según la experiencia de países como Estados Unidos: del total de senadores y diputados reelegibles, solo una cuarta parte continúan verdaderamente una carrera parlamentaria;
- Impulsa el enquistamiento nocivo de elites en el poder;
- Debilita inherentemente a la clase política: según el experto José de Andrea Sánchez, “una clase política que no se renueva (…) inevitablemente pierde vigor; vigor en el debate, vigor en las ideas y vigor político, ya que los retos de ciertos grupos sociales existentes no se trasladarán a la arena legislativa, puesto que la reelección configura un ‘club’ cerrado de ‘caras conocidas’”; .
- No se hace diferencia entre legisladores uninominales y plurinominales, lo cual limita la democracia directa y representa un método de perpetuación a los liderazgos partidarios.
Lo dice el analista Raúl Contreras Bustamante:
“Una persona propuesta como candidato plurinominal podrá reelegirse varias veces sin que haya tenido que hacer campaña ni desgastarse con hacer promesas y comprometerse ante la ciudadanía. Resulta obvio imaginar que los más favorecidos serán los dirigentes de los propios partidos políticos, quienes son los que determinan la integración de las listas plurinominales”.
Este último punto resulta vital para comprender los principales resaquemores hacia la figura de la reelección. Y para comprender en qué medida la plurinominalidad afecta los beneficios de la reelección, hay que regresar y recordar la figura de los plurinominales.
Qué son los pluris
El sistema político mexicano, dice el experto Salvador Ramírez Argote, está diseñado para procurar que los porcentajes de diputados de cada partido en los congresos se acerquen, lo más que se pueda, al porcentaje de votos obtenido por cada partido en la elección.
“Si tomamos en cuenta un universo de, por ejemplo, 26 diputados, lo ideal sería que si un partido obtiene el 50 % de los votos tenga la mitad de los diputados; que si un partido logra el 25 % de los votos, le den 9 diputados, y si un partido llega al 2.7 % de la votación, que se le asigne un diputado”, dice.
Los diputados plurinominales, agrega, “permiten dar representación a los partidos que son expresiones minoritarias, si se quiere, de la sociedad, pero al fin y al cabo, expresiones válidas que merecen tener representación, para que en el Congreso se refleje la pluralidad de la sociedad de la que formamos parte”.

Por último, aclara, es falso que los plurinominales sean designados sin elección de por medio.
“Cualquiera que haya ido a votar hace 10 días y haya tenido el cuidado de ver el reverso de la boleta de diputados locales o federales, allí pudo leer la lista de los candidatos propuestos por todos los partidos como plurinominales. Al darle su voto a un partido, votó por esos candidatos”.
La disminución de los plurinominales alteraría la representatividad y proporcionalidad del sistema electoral del Legislativo, alertan otros expertos. Agregan: su eliminación directa constituiría una regresión a la etapa hegemónica del PRI. Los plurinominales fueron creados para romper el poder absoluto del PRI en el Congreso de la Unión. Esa es una ventaja que hoy reconocen moros y cristianos.
Suena justo. Entonces, ¿en qué momento comienza a pervertirse el asunto?
En la práctica la plurinominalidad se ha convertido para muchos en un pase automático a una dieta mensual bruta de 171 mil pesos, y especialmente a un fuero que protege de cualquier iniciativa judicial sin necesidad de someterse al escrutinio directo de los votantes. De esa manera hoy adornan las curules del Congreso nombres de la calaña de Carlos Romero Deschamps o Carmen Salinas, cuya aportación más conocida hasta la fecha es dormir a pierna suelta mientras se debate el futuro de México. En pocas palabras: a un plurinominal no debe interesarle quedar bien con la ciudadanía, sino con su partido.

Y si a eso se agrega la posibilidad de ser reelecto de manera indefinida, la ecuación es poco optimista. En algunos memes a propósito de la aprobación de la reelección había uno que se repetía: ¿alguien querría a Carmen Salinas multiplicada por cuatro?
El problema es otro
La posibilidad de la reelección parece adecuada a los tiempos que corren, en donde, en teoría, los legisladores y políticos deben rendir cuentas exactas a la ciudadanía. La tesis de la no reelección surgió en México en una coyuntura distinta la actual, en la que el principal objetivo era derribar del poder a Porfirio Díaz y que poca relación tiene con los contextos actuales.

La mayor parte de los especialistas parece inclinarse a la idea de que las ventajas de la reelección parecen ser más que las desventajas, y que adecuados procedimientos de control y transparencia respecto de la labor legislativa no debieran acarrear traumas sociales mayores.
Pero en México, país de pocos controles y poca transparencia, existen riesgos.
Los argumentos de quienes cuestionan la reelección abarcan varios puntos, pero parecen coincidir en uno: permitir la reelección a los legisladores que llegan al parlamento por votación popular es una cosa, pero permitirla a los plurinominales, que en la práctica trabajan y operan para los partidos y no para los ciudadanos, es otra.

Fernando Núñez de Garza, en su columna Plaza Cívica, apunta directamente a la deplorable calidad de los sujetos políticos mexicanos.
“La esencia de la figura plurinominal radica en su elitismo, en que los partidos políticos tengan la posibilidad de asegurar a sus mejores cuadros un lugar en el Congreso de la Unión, en que aquellos que no son buenos para las campañas de calle tengan posibilidad de acceder al poder (que generalmente es el caso de las personas más estudiadas). Y así ha sido en una medida importante, aunque también los partidos han abusado, al haber colado por esa vía a personajes impresentables…”
Como medida correctiva, propone listas separadas para representación dirtecta y representación proporcional.
“Tratar de arreglar el problema eliminando la reelección plurinominal es como tratar de curar a un paciente matándolo: la cura no está en la sepultura de la figura, sino en otros cambios, como la eliminación del fuero o, sobre todo, haciendo posible una segunda boleta electoral para votar por los plurinominales (en la misma boleta, los partidos tramposamente nos obligan a votar por uninominales y plurinominales, a diferencia de Alemania, que entrega dos boletas)”.
Hasta ahora nadie parece haber tomado muy en serio esa propuesta.
Otros expertos parecen coincidir: reelección sí, pero guardando los parámetros para que el espíritu original de la norma se cumpla verdaderamente.
En otras palabras: buenos nombres para cada cargo.
Pero en México, ya se sabe, difícilmente los partidos políticos desean el bien colectivo y la posibilidad de construir elites internas, colocar a los allegados o premiar a los lambiscones opera con voracidad real. Y así las ventajas evidentes de un esquema de reelección se ven limitados por la existencia de otras figuras que distorsionan el espíritu original de la ley. Hoy en México, mientras muchos legisladores trabajan para demostrarle al pueblo que están a la altura, otros tantos se dedican a quedar bien con los que tienen el poder de decidir los nombres que llegarán al parlamento por la vía exprés.

Los especialistas parecen coincidir: sí a la reelección, pero con ciertas limitaciones como una figura distinta para el caso de los plurinominales. Pero en los avatares de la política mexicana, ya se sabe, pocas veces existen límites.
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