Alejadas del glamour que representa la contienda presidencial y sin interés para la cargada mediática, las candidaturas independientes a otros cargos de elección popular transcurren con pena y sin gloria.

La muy completa información que ayer presentó en primeraplananoticias.mx el reportero Juan Antonio Magallán arroja pistas importantes para entender el marcado desinterés que existe por las candidaturas sin partido en Michoacán y acaso en todo el país.

La primera, y quizás la más importante de esas pistas, es que la mayoría de los mexicanos -incluyendo a ciudadanos que eventualmente pudieran tener ganas y recursos para participar- no se ha tragado el cuento, la mentira que carga el tema de los independientes.

Ya sea porque la legislación que se aprobó para dar validez a esa figura electoral es en realidad una larga lista de obstáculos, o sea por la desconfianza que genera entre los ciudadanos todo lo relativo a la gestión política, el caso es que “el movimiento de los independientes” (como lo ha querido nombrar muy a su conveniencia el alcalde de Morelia, Alfonso Martinez Alcázar) parecer ser sólo un espejismo, una fiebre que solo calienta cuando el independiente renuncia a un partido político.

Incluso, para que se cumpla con esta premisa, ese independiente tiene que ser un cuadro distinguido en el partido que abandona y generar portadas y entrevistas en los medios de información; si no cumple con ese requisito, ni al caso. Mejor que ni le entre.

Ahí está la gran farsa, esa que los ciudadanos por lo visto no se han tragado, y que inclusive puede ser la razón por la que los mismos aspirantes independientes a la candidatura presidencial -con todo el glamour y la cargada mediática- no han podido despegar en la tarea que se echaron a cuestas de reunir en 120 días las alrededor de 900 mil firmas ciudadanas que les exige el Instituto Nacional Electoral (INE) para registrarlos en las boletas de 2018.

Veamos a los presidenciables: ¿Es independiente Margarita Zavala sólo porque hace un mes se peleó con la dirigencia del PAN y decidió renunciar a su militancia de 33 años? ¿Nomás por eso ya es representante ciudadana? ¿Eso ya le da pureza apartidista? ¿Y El Bronco? ¿Es candidato ciudadano sólo por haber renunciado al PRI en 2015 cuando en el tricolor no quisieron candidatearlo al gobierno de Nuevo León? ¿Y qué significa y cuánto pesa todo el apoyo que recibió de los poderosos empresarios de Monterrey?

Mencionando sólo estos dos casos, por ser los punteros en la recolección de firmas y quienes se perfilan con posibilidades reales de cumplir con los requisitos del INE, se entiende pues el desinterés y desconfianza por la figura del candidato independiente en México.

¿Por qué creerles, si son los mismos políticos, nomás que ahora enojados con los que fueron sus partidos?

Un ciudadano, verdaderamente ajeno a los partidos, del sector que sea en el país, ¿se atreverá a poner en juego su tiempo y sus recursos en estas circunstancias?

La realidad nos está diciendo que la respuesta es obvia: no.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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