Tendremos que voltear a ver el tema de las adicciones a las drogas acaso como el gran problema que tenemos enfrente: generador de grupos delictivos regionales y provocador de la demencial violencia interna que agobia municipios y estados de todo el país.
Tal vez así entenderemos que efectivamente hay malas rachas, rachitas y rochotas (Silvano Aureoles dixit). Y las seguirá habiendo mientras el “jugoso” negocio del narcomenudeo crece en el país y es fuente de disputa por el control de los mercados en territorios tan reducidos como puede ser cualquier colonia o barrio.
Dice el Comisionado Nacional contra las Adiciones, Manuel Mondragón y Kalb: el problema de México es que de ser productor y/o territorio de paso para los cárteles de la drogas, se ha convertido en país de consumidores. Y el problema se agravara en el futuro no tan lejano, porque Estados Unidos, de ser una nación consumidora, se convertirá en un poderoso productor.
La disputa por el control de la venta de narcóticos turba el panorama, empequeñece visiones de hace dos o tres décadas (cuando se hablaba de México sólo como país productor y de tránsito) y obliga al rediseño de las estrategias contra la violencia y la alta criminalidad.
El procurador de Justicia de Michoacán, Martín Godoy Castro, explicó en reciente entrevista para primeraplananoticias.mx que el problema de la violencia está en las adicciones: en el 80 por ciento de los delitos de alto impacto que se cometen en la entidad participan personas bajo el influjo de alguna droga y el control del mercado de consumidores cada vez más grande ha provocado que se multipliquen las células delictivas y los enfrentamientos entre sus integrantes.
Los enfrentamientos por el control de la plaza, la guerra entre bandas delictivas tiene que ver ya no sólo con el trasiego, sino con la venta interna. En la escalada de violencia hay que advertir: el adicto se convierte enseguida en un potencial delincuente.
En reiteradas ocasiones, el canciller Luis Videgaray Caso ha reclamado a la administración Trump que se condenará al fracaso cualquier estrategia contra los cárteles y la violencia mientras se sigan repartiendo culpas y se supere aquello del país productor (nosotros) y la nación de consumidores (los gringos).
Porque así tendremos que voltear al fondo del problema: crece en ambas naciones el número de consumidores y las adicciones generan mercado y por el mercado se mata y se muere.
Y sí, entenderemos por qué hay malas rachas, rachitas y rachotas.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







