Morelia, Michoacán.- La celebración de los 16 años de la película ‘Y tu mamá también, cuya gala transcurrió anoche en Cinépolis Centro, dejó un buen sabor a todos quienes abarrotaron la sala 5. Los protagonistas del filme exhibieron su carisma, los organizadores michoacanos develaron una placa honorífica y el público se retiró feliz.
El buen ambiente se notó desde el inicio. Carlos Cuarón, y especialmente diego Luna, irradiaron una simpatía natural que contrastó con el talante serio de los michoacanos. Con la soltura que dan los viajes, los recorridos, el mundo, ambos entienden que finalmente todo esto es un juego, que no hay que tomárselo tan en serio, que hay que divertirse.

Daniela Michel, quien ofició como anfitriona, saluda e invita a los protagonistas a entrar en la sala: Diego Luna, Carlos Cuarón, Marco Antonio solís. Diego, con su soltura acostumbrada, entra saludando en voz alta. Cuarón es un poco más contenido, pero también se ve relajado. El Buki no llega: lo han retenido afuera las decenas de michoacanas que llenaron a la entrada para verlo de cerca. “Le gritaban ‘papacito’”, aclara Diego Luna entre risas. “Bueno, pues esperemos que llegue el papacito para empezar”, completa Daniela Michel.
El show, aún sin Solís, debe continuar. Diego explica que cuando apareció la película, lo primero que hicieron las instancias mexicanas fue declararla para mayores de edad. “Fue la mejor publicidad”, asegura. “No conocí morro que no la hubiera visto. Al final nos hicieron un favor”. Entrando en la interna, afirma que los verdaderos “charolastras” son Carlos y Alfonso Cuarón. “Al fin y al cabo la película es la biografía de ellos”. Carlos se ríe. El público se ríe. Alejandro Ramírez, siempre compuesto, intenta mantener la calma. Diego Luna es un tipo simpático.

Marco Antonio Solís aparece por la escalera y entra en la sala. El público se levanta espontáneamente para aplaudir. Solís es carismático, parece sencillo, agradece a su gente. Diego cuenta la anécdota de cómo se escogió el cásico de Solís que aparece en la película. “Fue casual”, dice. “La escena que aparece en el filme fue extractada directamente de la realidad. Todo eso pasó. Nos dimos cuenta que no podía ser otra canción que esa”. Solís agradece, dice que nunca había tenido la posibilidad de hacerlo, y admite que aparecer en “Y tu mamá también” fue lo que terminó de apuntalar su carrera internacional.
Han pasado cinco minutos y toda la sala se ríe. Diego cuenta un anécdota con un preservativo gigante que usó para la película. “Se llenó de agua y llegó a medir casi medio metro. Fue el instante más feliz de mi vida. No sé por qué les cuento esto”. Daniela Michel sonríe algo nerviosa. Cuarón alienta a Diego: “necesitamos saber más detalles acerca de tan dramática situación”. Alejandro Ramírez, siempre calmo, sonríe sin perder la compostura.

Cuauhtémoc Cárdenas Batel recuerda que la película tiene 16 años, que el FICM tiene 15, y que la película que abrió el Festival fue justamente una de Diego Luna. “Por eso Diego viene casi cada año, siente que tiene una deuda con este Festival”. Después intenta hacer una broma: “ya hay que explicarle a Diego que su deuda está saldada, para que no venga más”. Nadie se ríe.
Alejandro Ramírez, siempre contenido, salva la situación e invita a Diego a develar la placa que contiene su nombre en una silla que quedará instalada para siempre en esa sala. Diego agradece y se sienta de inmediato. La concurrencia aplaude. Diego le pide a Marco Antonio que cante No hay nada mas difícil que vivir sin ti, a capella. Solís accede y se lanza. A la segunda estrofa todo el cine ya está cantando: se trata de un paisano y hay orgullo en el ambiente. Alguien del público ofrece una guitarra que ingresó al cine.

Los fotógrafos se mueven de lado a lado para obtener la mejor gráfica. Alejandro Ramírez, siempre respetuoso, sugiere que ya está bueno, que ha sido mucha la conversación, que hay que ver la película. Los fotógrafos que sólo tienen acceso a la ceremonia pero no a la película salen en masa. Los asistentes comienzan a acomodarse. Una chica —quizá la misma de la conferencia de la mañana— grita: “Diego, te amo”. Las luces se apagan. La otra historia comienza.
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