Carretadas de lodo a la organización de los comicios
Por donde se le vea, el caso del defenestrado fiscal encargado de investigar delitos electorales en el país, Santiago Nieto, pone más trampas en el camino rumbo a los comicios de 2018, cuya organización y entramado institucional, desde ahora, es atacado desde todos los frentes políticos y partidistas.
Hasta el propio despedido fiscal, ¿por qué diablos no presenta de una buena vez la carta que supuestamente le dirigió el ex director general de Pemex, Emilio Lozoya, exigiéndole exonerarlo del caso Odebrecht y una disculpa pública? ¿Existe la mentada carta?
Porque el asunto ya no tiene que ver sólo con Lozoya y si recibió o no sobornos por parte de la empresa brasileña. El asunto enloda la credibilidad misma del proceso electoral del próximo año, por la sencilla razón de que las cantidades de dinero de aquellos supuestos sobornos, presuntamente fueron a parar al equipo de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto hace seis años.
Es decir, la investigación -en caso de concretarse en esos términos- pondría en jaque al PRI y lo eliminaría, prácticamente, de la contienda presidencial del 18.
Pero el curso que está tomando el caso de la renuncia de Nieto lleva a la expiación de culpas, no sólo de Lozoya, sino del priismo entero: no aparece la carta a la que alude el ahora ex titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) y éste además habría violado el debido proceso del señalado Lozoya.
La única misiva que hasta ahora se conoce, es la que el propio ex director de Pemex dio a conocer el sábado pasado y en la que por ningún lado se leen las presiones que dice Nieto fue objeto ni tampoco la petición de exonerarlo públicamente.
El caso es que el asunto apesta.
¡Ah, y ahí viene el agarrón partidista! Y todo porque el señor Nieto no presenta la carta que le dijo al diario Reforma que sí existe. ¿Existe?
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!
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