Morelia, Michoacán.- Primero la parte seria.

La decimosegunda edición de Ambulante Gira de Documentales llegó a Michoacán para proyectar lo más destacado del cine documental. La muestra cuenta con producciones que han sido aclamadas en diferentes festivales del mundo, además de documentales realizados en México y se exhibirá en diversas sedes hasta el 4 de mayo de 2017.

Eso dice la pagina oficial del festival Internacional de Cine de Morelia en su capítulo dedicado a Ambulante, la iniciativa liderada hace ya 12 años por Gael García Bernal y Diego Luna. “El programa de este año incluye un centenar de películas, una función de cine expandido, un ciclo dedicado al cine y mujeres, un foro sobre la justicia y una taller de manipulación de proyectores de 16 mm”, agrega el sitio.

Otros datos: las sedes de Ambulante Michoacán son el Teatro Rubén Romero, el Museo Casa Natal de Morelos, el Centro Cultural Clavijero, la Plaza Melchor Ocampo, la Plaza Morelos y Cinépolis Centro. Los filmes en exposición esta vez serán Nkwì Nayá Tònko, de Ismael Vásquez; Siempre Andamos Caminando, de Dizanar Urbina; y Chavela, de Catherine Gund y Daresha Kyi. Más información, www.ambulante.org.

Dicho lo anterior: el Festival Internacional de Cine de Morelia se trata de eso, de cine. Pero también de todo lo que rodea al hecho de encontrarse a poca distancia con los mismos rostros que siempre se ven en una pantalla de casi 50 metros cuadrados. Y más si esos que siempre aparecen en las pantallas ahora aparecen en pleno Salón Virreyes del hotel Virrey de Mendoza y son Gael García Bernal y Diego Luna.

—Muchas gracias por venir. Para nosotros siempre es un gusto— dicen ambos, casi al unísono.

El lugar está repleto. Hoy llegaron casi todos, y especialmente casi todas, quienes no llegan a los documentales, a los eventos de cine de autor, a los cortos. Varias chicas bien —y escasamente vestidas— intentan atraer la atención de los dos actores. Gael y Diego, curtidos en esos menesteres, conscientes de la admiración que provocan, se dejan querer.

—Uno de los objetivos de la próxima gira es recaudar fondos para los damnificados de los sismos —explica Diego—. Hasta ahora hemos sido capaces de recabar 15 mil donaciones. —Gael complementa—. La asociación Ambulante recolectó, a nivel mundial, casi 1 millón de dólares. Eso es bueno.

Después Diego explica que aún sigue abierta la campaña de recaudación lanzada por Ambulante, y que mayor información en www.ambulante.org. Una chica con un vestido negro y pequeño y una cámara que la hace parecer fotógrafa profesional suspira para expresar su aprobación ante tan noble tarea.

La voz ya se corrió en el Centro Histórico y llegan más reporteros. El lugar se hace escaso. Hay café, hay frutas, pero nadie los toma en cuenta: lo que importa está ahí, detrás de la mesa, a pocos metros. Rosana Alejo, directora corporativa de Ambulante, sentada a la derecha de Diego, lanza un anuncio.
—En Morelia lanzaremos pronto un concurso por un apoyo de 50 mil pesos para completar la etapa de posproducción de un largometraje que seleccionaremos en su momento.

Se trata de un aviso que debiera emocionar a los cineastas locales. Pero eso hoy no sucede, porque en el Salón Virreyes del Virrey de Mendoza casi no hay cineastas sino chicas sexys intentando atraer la atención de Gael y Diego.

—La organización, además, entregará el Premio Ambulante el mismo día en que se premie a todas las categorías —agrega Paulina.
Los reporteros anotan. Nadie parece emocionarse. Gael habla de semiótica. Diego completa la idea. Una chica de blusa azul y pants bien ceñidos, ahora sí, se emociona.

—¡Son tan sencillos!

Paulina Suárez, directora general de Ambulante, agradece a la prensa por la publicidad, e invita a todos a apreciar los documentales en carrera. Gael también agradece. Diego también agradece. Es cierto: los dos parecen sencillos de verdad.

Decir Gael y Diego no es antojadizo: ambos, como en una coreografía, casi se mimetizan a la perfección. Lo que comienza a decir uno lo acaba de decir el otro, como si estuviera ensayado. Es difícil saber si se trata sólo de otra manera de divertirse, lo cual, bien visto, tampoco tendría nada de malo. Pero no: al parecer la complicidad es real, y de cualquier manera caen bien.

—Los dos son guapos —dice una chica indecisa que porta el gafete verde que la faculta a ingresar a las conferencia de prensa del festival. —Yo me quedaba con los dos.

Gael y Diego explican que la idea del Festival Ambulante inició en medio de la vorágine tras el estreno de la película Y tu mamá también, en 2001. Los muchachos recorrieron, pisaron alfombras rojas, atrajeron las miradas en los salones de los hoteles y conocieron gente y finalmente instalaron el nombre de la película en el imaginario colectivo mexicano. Sería interesante, dijeron entonces, aprovechar esta misma energía para apuntalar los tantos documentales que cada año se hacen en suelo mexicano.

—Así, con esa inocencia, iniciamos —dice Gael.

Una chica de falda corta y piernas largas grita: aquí arriba, por favor. Gael y Diego miran al segundo piso, en donde otras decenas de fotógrafos buscan el mejor ángulo.

—Ese fue el comienzo —completa Diego—. El primer documental que vimos fue Trópico de Cáncer, de nuestro amigo Eugenio Polgowsky. Nos gustó tanto que dijimos: hay que masificarlo.

—Así lo hicimos —complementa Gael—. Y después dijimos: por qué no apoyamos otros documentales.

Un reportero toma la palabra. Fiel a la costumbre humana de querer congraciarse con cualquier famoso, pregunta:

—¿Cuándo planean hacer un documental sobre sus propias personas y todo lo que han hecho por Ambulante?

Hasta los actores se ríen con la ocurrencia. —No lo tenemos pensado —dice Diego—. Aunque quizá en el futuro haga un documental sobre Gael.

—Lo que sí tenemos pensado es quizá hacer algo con todos los registros sobre el proceso de reconstrucción —toma la palabra Gael—.

Aunque no es fácil. Un buen documental lleva tiempo.

—Quienes piensan que un documental se puede planificar en cuanto a sus contenidos y sus plazos en realidad no saben qué es un documental —continúa Diego—. Todo eso te lo va dando la propia historia. Por eso es difícil.

Dinazar Urbina, directora de Siempre andamos caminando, es invitada a tomar la palabra.

—Ante todo, agradecer —dice—. Fuero muchas las manos que participaron en esto, y sin ellas no hubiera sido posible. (Su documental, dicho sea, suena interesante: Alberta, Julia y Catalina son tres mujeres migrantes de origen chatino que han tenido que dejar sus pueblos originarios para trabajar en la costa de Oaxaca. Catalina vende comida, mientras Alberta y Julia trabajan en los cultivos de papaya y limón. Las tres se enfrentan a la discriminación y a las dificultades de subsistir en un territorio desconocido para mejorar la vida de sus familias).

—Es el tipo de proyectos que deseamos apoyar —dice Diego—. Hay que agradecer a Dinazar por su esfuerzo y su talento.

Paulina y Rosana explica que en el último tiempo la plataforma Ambulante ha recibido una gran cantidad de propuestas relacionadas con la instauración del Nuevo Sistema de Justicia Penal  en México, motivados por el impacto que generó en su momento la película Presunto Culpable.

—Hoy, en México, se hacen más documentales que ficción —dice Diego—. Lo que ocurre es que antes ni en México, ni en ningún lugar del mundo, la gente veía documentales. Nos pone contentos haber aportado siquiera en algo a su masificación.

—Afuera de México siempre nos dicen que Ambulante es una de las propuestas más originales que se conocen —completa Gael—. Ese es un logro colectivo. Siempre estamos en busca de nuevas ideas, nuevas personas y nuevos talentos.

Un par de chicas, con mirada soladora, parecen emocionadas.

Viene el momento de las fotos. A esta cámara, a esta otra. Si otra vez pudieran mirar aquí arriba, por favor. Ahora todos juntos, con el letrero de Michoacán bien de cerca.

—¡Te amo, Diego! —grita la misma chica que hace poco les pidió mirar arriba.

Las risas inundan la sala. Gael y Diego se levantan. Paulina y Rosana y Dinazar se levantan. Los camarógrafos comienzan a cargar sus pesados equipos. Todos salen a la calle. Entonces este reportero parte raudo a la sala de Prensa del Teatro Ocampo, pensado en en las piernas de la chica de rojo y en el enfoque que dará a su nota para no repetir la misma historia.

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