Morelia, Michoacán.- Una de las producciones más recientes –en medio de un Festival que acertadamente también contempla clásicos más antiguos– es Sueño en otro idioma, un filme del joven director Ernesto Contreras. Una película concebida y realizada, dato importante, con el apoyo del Utah Filme Center.
Una producción que tiene una justa combinación de cine de autor, ímpetu juvenil y filtros lo suficientemente sólidos para darle la agilidad y sorpresa que la el publico general pide hoy en el cine masivo. Porque en este caso, hablar de “publico general” no es gratuito: se trata de una película hecha para gustar.
El filme se plantea así desde el primer minuto, y lo logra: un protagonista guapo y carismático (en este caso, el clásico profesional joven que se atreve a dejar el mundo moderno para investigar y querer al “buen salvaje”, tema reiterado en las artes mexicanas desde la moda de Carlos Castaneda y su Enseñanza de don Juan); la consabida historia de amor con una protagonista que estéticamente representa a una Pocahontas mexicana; una dosis justa de ese realismo mágico que tan bien cae en los países que aun miran a América Latina como un cuento de García Márquez; un abordaje sin prejuicios de uno de los temas mas paradigmáticos del progresismo liberal actual. Pasado y presente en su justa medida, muy en la línea de su director: un joven que sin complejos se atreve a dirigir la historia de Café Tacvba como la última serie de moda sobre ‘El Chapo’.

Todo lo anterior, además, sustentado en actuaciones más que destacables de sus protagonistas jóvenes y una entrañable complicidad entre los adultos mayores.
La elección de un idioma ficticio (no es menor si se considera que la película justamente aborda el tema de la desaparición de las lenguas nativas en México) va en la misma línea que el tono general de la película: un intento por hablar de la contingencia antropológica sin tener que ahondar demasiado en realidades más complejas. El tema de las lenguas nativas en México está hoy bastante abanderizado como para tratarlo con liviandad, y es esperable pensar que a cualquier cinta al respecto atraería una considerable andanada de criticas de quienes defienden la pureza científica por sobre la licencia artística. Ante eso el director, con buen tino, lisa y llanamente opta por inventar su propio idioma: el zikril. El lenguaje, tema que puede provocar –y provoca- las más acidas polémicas entre sesudos intelectuales en decenas de aulas de México, cumple aquí con su rol mas primordial: dar un argumento interesante a una historia digerible (de hecho, el joven protagonista rompe todos y cada uno de los protocolos de la investigación de campo). Se cumple el objetivo que atraviesa todo el filme: abordar un tema difícil, pero desde una perspectiva al gusto de las masas y sin ofender a nadie. Que nadie vaya al cine pretendiendo encontrar una tesis acerca de la problemática indígena en México.
En resumen: altamente recomendable. Una película que cumple, porque ejecuta bien cada uno de los deseos de su director y porque está bien hecha. Una película amable, que no exige al espectador, que le ofrece emocionalidad en su justa medida y del cual difícilmente alguien saldrá con gusto a poco. Un producto perfectamente calculado, y cuya ejecución final parece aterrizada y certera. Y eso, al hablar de cine, no es un tema menor.
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