FOTOS: ACG

 

Morelia, Michoacán.- Se esperaba que la negociaciones llegaran a buen puerto: se trata el día en que Morelia abre oficialmente sus puertas al mundo. Pero no ocurrió. Fiel a su costumbre, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) arremete con todo en pleno Centro Histórico de la ciudad.

—Desde aquí, compañeros, apelamos por la unidad del pueblo libre y soberano, del campesino, del indígena, del obrero, porque sólo con la fuerza de la unión nuestro acero tendrá la dureza necesaria para romper las cadenas de nuestros opresores…

El Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), una de las fiestas anuales más esperadas por los morelianos, no es suficiente para detenerlos.

El acto centista va de igual manera, y como ocurre ya casi cada semana, una buena parte de la ciudad se hace intransitable para muchos. También llega la confusión: varios reclamaron a viva voz que el FICM intervenga de esa manera en el libre tránsito de la gente.

—Pero no es por el Festival. Es por la CNTE que instaló un mitin…

Las caras pasan de la sorpresa al resignado fastidio. Es otro día normal en Morelia.


Durante horas la avenida Madero, justo frente a Palacio de Gobierno, hierve de consignas, críticas, retóricas para ensalzar a la clase trabajadora y denostar al contubernio neoliberal imperialista que desde tiempos inmemoriales oprime al noble pueblo trabajador. Muchos de los manifestantes no entienden nada de lo que se habla. Otros ni siquiera saben por qué otra vez están aquí.

—Parece que es para aprovechar la presencia de la gente que viene por el Festival de Cine—dice una guapa y despistada manifestante, más preocupada de sus ejercicios de acondicionamiento físico que de la causa.

 —Pero el Festival apenas inicia esta tarde y la mayor parte de la gente o de los artistas aún no llega.

—Bueno, no sé—responde la chica guapa y despistada—. Fue lo que alguien me dijo que alguien le había dicho.

Otros inconformes, más enterados de la ideología, esgrimen que el FICM es un evento que secuestra el centro para algunos pocos, una fiesta elitista y onerosa, una circunstancia que la mayor parte de los morelianos apenas mira mientras unos pocos se divierten. Que los trabajadores no están conformes con el derroche, mientras a grandes sectores sociales no les alcanza.

—Pero la mayor parte de los aportes para el FICM vienen etiquetados de la Federación…

—No importa. Nuestro reclamo es contra todos los gobiernos.

—Pero a ustedes ya se les pagó la mayor parte de los adeudos…

—Sí, pero también debemos enseñar a nuestros hijos el valor de la lucha solidaria.

A 10 metros la chica guapa y despistada empieza a hacer abdominales. Varios marchantes que llegaron hoy para enseñar a los hijos el valor de la lucha solidaria dan media vuelta y caminan rápidamente para alcanzar a observarla.

El factor ambiental

Dos calles el contraste es total. En pleno Cinépolis del centro, que ya comienza a tomar forma, un grupo de trabajadores concluye las obras para darle un toque más vintage. Afuera, bajo el toldo que cubre del sol y de la posibilidad de un aguacero intempestivo, tímidamente comienzan a asomar los primeros curiosos y las chicas caza-autógrafos. Hoy la mayor parte de las salas no está en operaciones, excepto la 4: ahí transcurre la segunda parte del documental sobre los efectos perniciosos del cambio climático denunciados por Al Gore. Es una función para la prensa, aunque cualquier ciudadano de a pie pudo entrar y sentarse gratis.

—Por fin llegamos —dice uno que parece extranjero—. Con lo de esa marcha creíamos que no. El taxista no quiso entrar al Centro. Y en esta ciudad no hay Uber…

En la pantalla Al Gore habla de los Acuerdos de París, del rechazo de India, de las gestiones de Obama y la llegada de Trump. También habla de los derechos de los pueblos y aprueba las manifestaciones de miles en favor de la Tierra.

—Tuvieron que pasar décadas antes de llegar a un estado en el que cualquier ciudadano informado puede manifestarse libremente en contra de las medidas adoptadas por algún gobierno –dice Al Gore en la pantalla.

A casi 300 metros, los centistas continúan haciendo uso de ese derecho adquirido.


En el Jardín de Las Rosas el olor a cempasúchil invade por completo el ambiente. Varias manos arman un altar de muertos monumental. El Festival de Cine, dicen, debe aprovecharse para mostrar a todos las mejores tradiciones del estado.

—Es una buena posibilidad para que valoren nuestro trabajo—dice un joven que ayuda a un anciano a tejer las flores—. Lo malo son esos que marchan en al Madero. La camioneta que traía las otras flores ya ni pudo pasar.

—¿No compartes lo que protestan los de la CNTE?

—Da igual. Al final nunca están conformes con nada….

En el escenario que fue ubicado frente a la Plaza de Armas alguien denuncia que el PRI-Gobierno vende el futuro de los mexicanos y niega a las futuras generaciones el acceso a la educación revolucionaria y en concordancia con las realidades sociales del pueblo. A pocos metros la chica despistada y guapa se quita una blusa y atrae los aplausos de los colegas de la CNTE. En la sala 4 Al Gore pontifica sobre la comprensión hacia el enemigo tras los atentados de París en 2016 y el documental avanza. El contingente de centistas también avanza. La chica despistada, ahora cohibida ante decenas de miradas lascivas, se pone otra vez su blusa.

Es otro día normal en Morelia.

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