La independentitis que se extiende podría provocar males irreversibles a la de por sí frágil democracia electoral mexicana, pues tiene signos de que se trata de una especie de virus sembrado desde el poder y para la conservación de los intereses de la partidocracia.
Así parece. La fiebre por el registro de aspirantes ‘independientes’ a una candidatura presidencial tiene toda la marca de que se trata de un proceso manchado, alentado e incluso financiado para confundir y dividir a los electores y, de pasada, terminar por desacreditar la figura de las candidaturas independientes, a lo que mucho han contribuido, por cierto, personajes como el gobernador de Nuevo León, Jaime Rodriguez Calderón, el locuaz ‘Bronco’.
Hasta ayer, en la víspera del cierre del periodo de recepción de solicitudes, eran 46 los aspirantes presidenciales que se habían registrado. A ese ritmo de crecimiento diario, la cifra superará fácilmente este sábado los 50.
A ellos habrá que sumar los candidatos independientes que se registren para el Senado de la República, Cámara de Diputados, gobiernos estatales (incluyendo la CDMX), Congresos locales y presidencias municipales.
¿Quiénes ganan con esta situación? A como se ven las cosas y el rumbo que marcan las encuestas y sondeos serios y profesionales, así como los análisis más rigurosos de lo que se espera en 2018, los únicos beneficiarios serán los representantes de la poderosa e inmune partidocracia nacional; sí, el cuestionado, criticado y desacreditado sistema de partidos, desde donde parece salir la mano que sembró el virus de la independentitis.
Sólo un dato, quizás el más relevante entre muchos se irán aportando: no cuadra el renovado interés por las candidaturas independientes con los antecedentes de los comicios estatales de 2016 y 2017.
Luego del entusiasmo generado en 2015 por la aparición de los primeros candidatos independientes y su triunfo en las urnas, el fuego se fue apagando y ya poco hubo para presumir en los procesos siguientes. La gran alternativa que se había presentado para los mexicanos se esfumó como una quimera.
Además, y para nadie es un secreto, ninguno de los gobiernos independientes o ciudadanos que surgieron en 2015 ha marcado la diferencia y el triunfo emblemático de ‘El Bronco’ en Nuevo León ha sido más bien un rotundo fracaso.
Todas las encuestas que se han hecho, además, sobre las preferencias de los mexicanos rumbo a la elección presidencial del 18, marcan el derrumbe de la opción independiente.
Luego entonces, ¿de dónde ese renovado interés? ¿De quién es la mano que sembró el virus y provocó la fiebre? ¿O son muchas manos?
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!
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