Corrupción, cinismo y la pobreza del debate
“¡Corrupto!”, le gritan desde el PRI al panista (y frentista) Ricardo Anaya; “¡corruptos y cínicos!”, les revira el joven dirigente del blanquiazul a los del tricolor, a quienes en voz del mexiquense César Camacho parece quedarles muy, pero muy apretado el saco de la pretendida inocencia y la austeridad de la que todos hablan pero ninguno conoce. ¿Cómo será la austeridad?
Son los rounds de sombra previos al 2018. Camacho demanda que se investigue a Anaya, los anayistas exigen que se investigue a los priistas. Enriquecimiento inexplicable, abuso de los cargos públicos, son las acusaciones que se cruzan. A ver, ¿que no escupen para arriba? ¿Quién los va a investigar a todos? ?Creen que así van a ganar votos y la confianza de los ciudadanos?
Pero como es ya obvio al PRI le urge bajar “los ánimos” de los frentistas; van sobre ellos y hoy ya le toca parte de la madriza a la perredista Alejandra Barrales: se “descubrió” qué tiene una casa valuada en más de 13 millones de pesos en Lomas de Chapultepec.
La “filtración” no se hizo esperar y el diario capitalino “El Universal” puso la noticia en primera plana. Apuntando, pidiendo que no se nos olvide que la perredista también tiene un lujoso departamento en Miami.
“Que se investigue también a Barrales”, gritará furibundo el diputado Camacho. Y aparecerá Enrique Ochoa Reza, dirigente de los tricolores, retando a debatir en televisión a Anaya: ¿a ver quién es menos transa?
Sí, parece que es por ahora el tema del debate, que insulta y ofende cuando hay miles de mexicanos que perdieron todo su patrimonio en los sismos del 7 y 19 de septiembre pasado; pero ellos así piensan ganar votos. Caray, ¿quiénes serán sus estrategas? ¿A poco por eso les pagan? Oigan: es dinero -nuestro dinero- tirado a la basura.
Hace algunos años, en el pleno de San Lázaro, un diputado federal -más foxista que panista- espetó dirigiéndose a las filas de curules del tricolor: “¡corruptos, hijos de la chingada!”.
De la bancada priista surgió la inmediata respuesta. Alguien le devolvió: “cállate… corruptos y pendejos”.
Y se acuñó aquella frase famosa en los albores del sexenio foxista: “que se vayan los pendejos y regresen los corruptos”
Se revolvieron todos. Así están.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







