Morelia, Michoacán.- La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) entregó el grado de Doctor Honoris Causa al académico mexicano más reconocido en ingeniería eléctrica, Enrique Acha Daza y al jurista y ex funcionario federal Diego Valadés Ríos.

En el acto celebrado en el patio principal del Colegio de San Nicolás, el primero en ser reconocido fue Enrique Acha, quien apuntó que la Casa de Hidalgo representa la libertad del pensamiento liberal que dejó huella en toda la Historia de México.

El académico, reconocido mundialmente por sus aportaciones a la ingeniería eléctrica, expuso que sus investigaciones y publicaciones las ha guiado para servir a sociedad global, pero en su pensamiento siempre está el nicolaicismo, toda vez que es egresado de la Facultad de Ingeniería de la UMSNH; pero en la actualidad es investigador y docente en Tampere University of Technology de Finlandia, en donde se desempeña como catedrático en el área de la Ingeniería Eléctrica.

Como forma de agradecimiento, Acha Daza entregó un compilado de sus libros de textos e investigaciones al rector Medardo Serna, con la finalidad de que sean donados a la biblioteca de la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la UMSNH.

Acha Daza obtuvo su doctorado en Filosofía en la Universidad de Canterbury de Nueva Zelanda en 1988. Reforzó su formación con dos posgrados en las universidades de Toronto, Canadá y, Durham y Brunel, en Inglaterra.

Es el investigador mexicano más reconocido internacionalmente en el campo de la Ingeniería Eléctrica. Cuenta con un gran número de artículos internacionales. Uno de sus libros, cuenta en su versión en inglés, con más de 735 citas y ha sido traducido al chino mandarín. Sus trabajos de investigación han merecido más de 6 mil citas.

Ha desarrollado actividades en países como Nueva Zelanda, Canadá, Francia, Inglaterra, Escocia y Finlandia. En el 2004 fue conferencista en el Instituto de Ingenieros Eléctricos y

Electrónicos cuyas siglas en inglés son IEEE, con sede en Nueva York, Estados Unidos.

En tanto, el otro galardonado; Diego Valadés Ríos aprovechó el micrófono para dar una catedra magistral de Constitucionalismo mexicano, en la cual resaltó el trabajo de dos grandes michoacanos en la confecciones del institucionalismo: Melchor Ocampo y Francisco J. Múgica.

“La construcción del Estado Social surge en 1917, pero más que eso, era indispensable el surgimiento del Estado a secas, como expresión de un institucionalismo que requería el país en aquella época, que no es otra cosa que la consecución de la vocación laica para aplicar una norma de estabilidad fuera del credo religioso, cuyo fondo proviene desde 1857, con el michoacano Melchor Ocampo, filósofo de la Reforma quien supo resaltar que el ente social, requiere de una clara división entre estado y religión”, sintetizó.

A la vez, situó al michoacano y constituyente de 1916, Francisco J. Múgica, como uno de los confeccionadores del artículo tercero constitucional, alusivo a la educación laica y gratuita.

“Michoacán es cuna de dos grandes patricios que permitieron la consolidación del Estado Nacional Mexicano y mi nexo con la UMSNH es con estos dos grandes personajes que tanto contribuyeron a este país”, añadió.

Diego Valadés es doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, investigador titular C de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, con nivel Pride C y miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel III del Conacyt.

Además, es presidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional; miembro del Colegio Nacional desde el 2007; de El Colegio de Sinaloa y de la Academia Mexicana de Ciencias. También es miembro Correspondiente de la Real Academia Española, de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba y de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas de Argentina. Es académico Honorario en la Academia Peruana de Derecho y miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana.

El galardonado concluyó su intervención, al señalar que pese a su origen sinaloense, se siente michoacano, toda vez que de niño vivió en un pueblo cercano a Maravatío, cuyo primer recuerdo es una nube de polvo que dejaban un par de automotores que circulaban por los caminos rurales del Michoacán de los años cuarenta del siglo XX.

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