La posibilidad de poner fin al financiamiento público a los partidos en México para destinar los recursos a la reconstrucción pasó de una proposición algo absurda a lograr la adhesión pública de todos los partidos. Sin embargo, a esta altura parece más un volador de luces que una propuesta seria: durante la última sesión del día martes 3 de octubre en San Lázaro los diputados del PRI exigieron a sus rivales renunciar a los recursos que reciben, y los panistas perredistas y morenistas abandonaron la sesión. Nadie, finalmente, dijo una sola palabra sobre el fin al financiamiento.

Mientras tanto académicos e intelectuales, contra la voz mayoritaria, advierten que dejar de financiar a los partidos es la antesala de la narcopolítica en México. Aquí, un panorama general para comprender mejor la discusión que por estos días atraviesa al país.

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Morelia, Michoacán.- Eran las 7 de la mañana del día 19 de septiembre. Una fecha fatídica, cruzada por el recuerdo del terremoto que casi tres décadas antes costó la vida de miles de mexicanos. Mientras la prensa nacional preparaba sus especiales y otros muchos se preparaban para llorar a sus deudos, sucedió: un nuevo movimiento telúrico sacudía por completo los recuerdos y obligaba a preocuparse primero por la sobrevivencia. México, a 32 años, sufría un nuevo sismo de proporciones.

Foto: Notimex

 

Pero el sismo más grande aún estaba por venir.

El sismo que azotó México desató también un sismo político de alcances más insospechados. La propuesta del Frente Ciudadano de eliminar por completo el financiamiento público a los partidos, en medio del contexto de crisis, prendió como la pólvora y todas las voces se plegaron con entusiasmo. Tanto entusiasmo que nadie pareció advertir cuando el bebé se volvió un Frankenstein del que ahora nadie sabe muy bien cómo salir.

Empezó el 22, a tres días del sismo.

“Los líderes de PAN, PRD y Movimiento Ciudadano impulsarán eliminar al 100% el financiamiento público a todos los partidos políticos a partir de 2018. El dinero no debe provenir de los impuestos que paga la gente. Debe provenir de las aportaciones voluntarias de nuestros militantes y simpatizantes”, expuso Dante Delgado, al argumentar en favor de su propuesta en un video.

La piedra estaba lanzada.

El primero en acusar recibo fue, cosa predecible, Andrés Manuel López Obrador. El tabasqueño mostró su frontal aprobación a la propuesta, y en tiempo electoral aprovechó para llevar agua a su molino al recalcar que la propuesta era suya y la de los demás apenas una copia.

“Yo estoy de acuerdo con todo esto, no tengo duda de que lo que nosotros hemos venido planteando lo han venido copiando. Pero qué bien que sea así, que los esté llevando a que se termine el derroche, a que no se ocupe el presupuesto público con propósitos que no sean más que los que ayudar a la gente”, detalló en un video publicado en sus redes sociales.

Miles de mexicanos se plegaron incondicionalmente a las palabras de su líder y apuntalaba la propuesta.

Pero faltaba que el dinosaurio diera señales de vida. Y lo hizo tres días después. El PRI, en un gesto perfectamente calculado, anunció “tres acciones para destinar recursos públicos a las víctimas de los sismos en México: renunciar a 258 millones de pesos para gastos del partido, eliminar el financiamiento público a partidos y eliminar diputaciones y senaturías de representación proporcional”.

Ante el río revuelto el PAN, muchos de cuyos líderes en últimos días han demostrado públicamente su afición por reafirmar su autonomía y destacar su agenda propia a pesar de ser parte del Frente Ciudadano, fue más allá.

“Sí estamos de acuerdo en que se elimine el financiamiento público para los partidos políticos, pero también queremos que se apriete el cinturón el gobierno federal, tanto el poder legislativo como el judicial” dijo Marko Cortés a las cámaras de Radio Formula una vez conocida la propuesta del PRI. “No queremos la iniciativa que presentó el PRI porque esa es un gobierno con mucho dinero y sin apretarse el cinturón, y solamente le quitan el dinero a los partidos”.

La reconstrucción es importante, claro, pero también lo es contrastar las debilidades del enemigo ante las virtudes propias.

A nivel popular la noticia cundió rápido: los tres referentes políticos del país, detalles más o menos, estaban de acuerdo en eliminar el financiamiento a los partidos políticos. Había que aprovechar la oportunidad. La reconstrucción es tema más urgente, dijeron, y las campañas para el 2018 pueden esperar o lisa y llanamente irse al diablo. Que en adelante cada partido se rasque con lo que tenga. Durante años hemos financiado  los parásitos, es hora de que ellos nos devuelvan la mano. Puede sonar a demagogia: ¡pues que vengan más demagogias de este tipo! México mantiene partidos políticos de primer mundo mientras cuatro de cada diez escuelas no tienen drenaje, un tercio agua ni sanitarios y un cuarto de los mexicanos no tiene acceso a la salud. Los partidos han sido indolentes con los mexicanos; que los mexicanos sean indolentes con los partidos.

Todo eso y más dijeron muchos. Pero entonces llegó la voz de alerta de los especialistas, con una tesis cuya simpleza no terminó de cuajar a nivel popular ante la andanada de ofertones. Y si no se financian con dinero público, ¿de dónde se financiarán los partidos? Si no le deben al estado, ¿a quién le deberán favores?

Y eso, en un país lacerado por la narcopolítica, se convertía en asunto de seguridad nacional.

El debate estaba instalado.

Expertos: ‘sería gravísimo’

Los expertos aprueban el financiamiento público de la política mexicana debido a dos aspectos básicos: se trata un seguro antinarco, por un lado, y permite a los funcionarios o representantes concentrarse en sus labores y no dedicarse a las campañas permanentes en busca de fondos. Aunque concuerdan en que hay muchos y distintos vicios que corregir, esas dos ventajas superan cualquier gasto.

“Sería gravísimo que desapareciera el financiamiento público a partidos. Tendrían que recurrir al sector privado y por lo tanto el sector privado cobraría posteriormente la factura; el segundo riesgo es que los subsidiara en sus campañas el crimen organizado para lavar dinero, y eso sería muy grave. La  fórmula crimen organizado, políticos, administración pública sería desastrosa”.

Quien lo advierte es el politólogo y académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Manuel Quijano, en entrevista reciente con el portal La Silla Rota. Según su visión, el reclamo de la sociedad civil por la cantidad de recursos públicos asignados a partidos es justa, pero esta modalidad de financiamiento al menos garantiza que los partidos tengan posibilidad de maniobra y no deban favores una vez que asuman el poder. Y ese sólo beneficio, señala, justifica cualquier costo.

Concuerda con esta postura el analista Carlos Elizondo Mayer. Para él, la propuesta corresponde a mero oportunismo. “Si los partidos no hubieran visto esta solidaridad, esta movilización, esta  entrega de los mexicanos, junto con el rechazo hacia los partidos por el gasto, ellos no hubieran hecho nada.

“A los partidos los hemos criticados por sus excesos en el gasto de recursos durante años. Tuvo que pasar algo como un sismo de esta magnitud y una reacción social de esta fuerza para que nos prometieran que quieren cambiar algo. Vamos a ver si lo hacen”.

Sin embargo, matiza Elizondo Mayer, sí es razonable la propuesta de cambiar las reglas del juego del financiamiento a los partidos, quienes reciben “carretadas” de dinero en cada campaña.

“Conviene no olvidar que para las próximas elecciones de 2018 los partidos recibirán, entre distintos aportes, casi 12 mil millones de pesos. Y eso sin contar el dinero no transparente que proviene desde muchos sectores. Si el presidente anunció que la reconstrucción costaría 37 mil millones, estamos hablando de que con tres años de las prerrogativas de los partidos se podría reconstruir completamente al país”.

Así y todo, insiste Elizondo, sería una tontería quitarles todo el financiamiento.

“El financiamiento público permite mantener un cierto principio de equidad, una cierta bolsa para operar, una cierta tranquilidad para no depender del dinero de los ricos o de los narcos. En el fondo ese financiamiento se trata de un seguro contra una mayor corrupción. Aprovechemos para limitar el número de recursos, acotarlos, pero no los dejemos sin nada porque nos vamos a arrepentir”.

El politólogo y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Jorge Márquez Muñoz, agrega otra arista: la falta de transparencia. Asegura que el financiamiento privado históricamente ha significado un riesgo de que el crimen organizado o poderes fácticos interfieran en campañas, pero el problema no es el origen de los recursos sino que estos no se transparentan.

“Si ya sabemos que se van a meter los privados a financiar, que lo hagan de manera más ordenada, incluso que sean deducibles de impuestos, que sea muy transparente para conocer quien financió a quién. Eso debe ser parte de cualquier campaña, conocer si alguna empresa le pagó al PAN, al PRI o al que sea y que esos partidos arrastren las consecuencias de financiarse, por ejemplo, por constructoras corruptas. El problema es más la transparencia que el origen de los recursos”.

La columnista María Marván Laborde agrega otro dato: en Estados Unidos, paradigma del financiamiento privado a los partidos, están las campañas más caras del mundo y los fondos provienen de unas pocas decenas de fortunas familiares.

“La vida del Partido Republicano y del Demócrata está atravesada por lo que dictan sus patrocinadores. Un diputado que aspira a ser reelegido inicia su campaña de recolección de fondos al día siguiente de la elección. También, es cierto que hay reglas, de eficacia muy limitada, hechas para prevenir los conflictos de interés”.

“En Estados Unidos se produce el fenómeno de la campaña perpetua”, agrega Emilio Chuayfett, “cuando los aspirantes a un cargo deben emplearse permanentemente en conseguir fondos para ese propósito distrayéndose así de las responsabilidades públicas. Replicar eso en México sería fatal”.

Así, la visión entre los especialistas parece consensuada y evidente: detrás del fin absoluto del financiamiento público a los partidos asoma la narcopolítica. Y ningún ahorro bastaría para enfrentar eso.

México, el absurdo

Pero la sesuda opinión de los expertos se estampa de bruces contra la sensibilidad social ante la cruda realidad.

Como en todos los temas coyunturales en gran escala que afectan hoy al país, este tema tiene aristas. Las visiones no son totalmente similares ni los datos dan la razón objetiva a una sola de las partes. Peor aún: ambas partes tienen razón. Es la tragedia mexicana.

Tienen razón quienes advierten del riesgo de la penetración del narco si a los partidos de un día para otro se les acaba el dinero. Pero también la tienen los mexicanos que exigen el fin al despilfarro que implica uno de los sistemas políticos más caros del mundo.

Las cifras avalan el descontento. En promedio, cada voto cuesta a los mexicanos 5.7 dólares. Para tener una referencia, en un país como Chile cada voto cuesta 1.9 dólares por persona, según cifras actualizadas de la Organización de Estados Americanos. Y los datos del Instituto nacional Electoral dan cuenta de este gasto.

En 1997 el PRI, entonces gobierno, recibió un total de 892 millones 112 mil 657.27 pesos. Más abajo, Acción Nacional se hizo con 527 millones 248 mil 111 pesos, y el PRD con 391 millones 336 mil 040 pesos. Todo eso, sumado al gasto que representaron todos los demás partidos, arrojó la suma de 2 mil 111 millones, 493 mil 862 pesos, sin contar las elecciones de ese año en el Distrito Federal que requirieron de otros 335 millones.

20 años después las proporciones se mantienen. El gasto total en 2017 es de 4 mil 059 millones 213 mil 905 pesos. Si sumamos cada gasto desde 1997, según las mismas cifras del INE, México ha gastado alrededor de 66 mil millones de pesos. Y si a esta cifra total añadimos los casi 7 mil millones ya aprobados para 2018, la cifra abulta hasta casi 73 mil millones.

La traducción de esa estratosférica cantidad a dólares arroja otras luces. Los 73 mil millones de pesos mexicanos gastados en 20 años equivalen a casi exactamente 4 mil millones de dólares. Si consideramos que Bill Gates posee una fortuna estimada en 75 mil millones de dólares, en dos décadas México ha gastado casi un décimo de la mayor fortuna de la historia de la humanidad. Otras cuentas: los 371 millones de dólares que gastará México solo en la elección de 2018 equivalen a casi la mitad de la plantilla del Real Madrid. Un dinero que alcanzaría para construir 2 mil 256 escuelas como las que construye en México Carlos Slim, o 10 hospitales de con entre 120 y 250 camas.

Pero también hay quienes dicen que ese dinero en realidad no es tanto.

“La cantidad de dinero que se les entrega a los partidos parece grande cuando se ve en pesos y centavos: 3 o 4 mil millones de pesos en año normal, 5  6 mil millones en año electoral. No es tanto cuando compara con el gasto que ejerce el gobierno: entre 0.15 y 0.25% de lo del gobierno federal. Si se suma todo lo que han recibido los partidos desde 1997 (18 años), en pesos de hoy no llega a 80 mil millones…” afirmó en 2015 el economista  Macario Schettino para Forbes México.

El experto desmenuzó su argumento.

“En 2014 el gasto de los partidos sumó poco menos de 4 mil millones, y en este 2015 será de 5 mil 355 millones. Corrigiendo por inflación, resulta que habrá un gasto adicional, por las elecciones, de 1 mil 250 millones. Si se reparte entre tres meses de campaña y entre diez partidos, el gasto mensual de un partido apenas será de 40 millones. Dividido entre 300 diputados de mayoría, el gasto de cada uno sería de 140 mil pesos mensuales, poco más de 400 mil en toda la campaña. Pero el límite de gasto, que también fija el INE, es de poco más de 220 mil pesos, o de 70 mil por mes”.

El tema es complejo: los especialistas y los mexicanos asumen que el gasto de la política nacional resulta absurdo para la realidad social; al mismo tiempo, un columnista de una de las más prestigiadas revistas del mundo afirma que no es para tanto. Ya aclarado cuál es el costo real de la política en México, la pregunta cambia de forma: ¿cuánto debiera ser el costo de la política en México?

FUENTES:

  • El Universal
  • Milenio
  • Excelsior
  • La Jornada
  • La Silla Rota
  • SDP Noticias
  • josecardenas.com
  • radioformula.com.mx
  • aceproject.org

DOCUMENTOS:

Jueves 5 de octubre, la segunda parte de este especial…

 

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