Cualquiera que sea la suerte de las niñas y de los niños que hasta la madrugada de este jueves seguían bajos los escombros del colegio Enrique Rébsamen, el caso que ahí se está relatando tras el sismo de 7.1 grados es un ejemplo de lucha por la vida que no sólo se convertirá en un icono de la esperanza y la solidaridad; también definirá el rostro del país que asomará tras la tragedia del 19/9.

Hay una pequeña entre esos escombros a la que los rescatistas llamaron ‘Frida Sofía’. Parece que no es tal; pero es lo de menos. Hoy Frida Sofía es el nombre más bonito, por todo lo que representa para el país.

Al transcurrir de las horas, la realidad nos indica que el desenlace en el Rébsamen puede ser fatal. Las dificultades que enfrentan los rescatistas para salvar con vida a los pequeños, crecieron en la noche del miércoles y no se veía cómo salir del hoyo -literalmente- con buenas noticias.

Pero el mensaje para todos es de vida. Si, sea cual sea el desenlace, ese es el mensaje que desde los escombros nos mandan ‘Frida Sofía’ y los otros niños. Lucha por la vida y de esperanza para todo un país, sacudido desde la entraña.

Si todos aceptamos que luego del 19/9 de 1985 México cambió y la sociedad que emergió
-más organizada y de pie para sobreponerse incluso a la apatía y miseria gubernamental de entonces-, nos permite entender mejor las transformaciones que empezaron a darse en el país en la década siguiente, bien podemos esperanzarnos que el 19/9 de 2017 sea otro parteaguas.

Sería otra coincidencia. Bienvenida sea, aunque duela.

Pero ver por todas las ciudades del país las ganas de ayudar; escuchar por todas las calles las voces de preocupación; observar los ríos de gente que acude a los centros de acopio que se han abierto, la mayoría sin convocatoria oficial, nos convence que no somos la sociedad en crisis ni el Estado fallido que en ocasiones nosotros mismos nos creemos y acusamos.

Ya ni hablar de las imágenes en las zonas siniestradas por el sismo: al dolor y las pérdidas por la tragedia ha seguido el encuentro de las miles de manos que quieren ayudar. Lo mejor de todo ha sido la organización y entendimiento de todos los que participan en las labores de rescate: ciudadanos, brigadistas, soldados, marinos, bomberos, policías, estudiantes… todos en una misma causa.

Si, decíamos ayer que viene la etapa más difícil: hacer el recuento de nuestros muertos por el sismo; de las familias que se quedaron sin vivienda; y del doloroso recuento de daños pasar a la reconstrucción.

Etapa compleja, dura, que exigirá mantener vivas esas muestras de solidaridad y de apoyo.

Y que asome el rostro de un mejor país. Tal vez será el mejor homenaje que podamos hacer a ‘Frida Sofía’ y al resto de los niños, los que ya murieron, y los que crecerán aquí.

Aquí se queda… !aquí entre nos!

 

 

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