A prueba. La tragedia provocada por la fuerza de la naturaleza nos tiene a los mexicanos otra vez a prueba.

A prueba nuestra solidaridad; a prueba nuestra capacidad de organización; a prueba nuestra resistencia y entereza para salir juntos de la tragedia; a prueba del dolor de ver morir niños, jóvenes, mujeres y hombres por la fuerza devastadora de un sismo; a prueba de nuestros miedos y temores.

Organizados, solidarios, también debemos poner a prueba a los gobiernos y exigirles que no se pasmen; frenar y denunciar cualquier intento de lucro o de rapiña política, y demandar que los apoyos fluyan y haya generosidad con quienes perdieron sus viviendas y sus centros de trabajo.

Las desgracias familiares se contarán por miles en Ciudad de México, Puebla, Morelos, Guerrero, Veracruz y el Estado de México; se sumarán a otras tantas miles de Oaxaca y Chiapas, por el terremoto del 7 de septiembre pasado.

Esto es septiembre de 2017, que se recordará siempre como uno de los más trágicos y amargos en la historia nacional. El mes y el año de los sacudimientos de tierra más intensos y peligrosos -por continuos- de que se tenga registro: 8.2 grados en la escala de Richter el del jueves 7 y de 7.1 grados el de ayer martes 19.

19/9

El destino quiso que otra vez fuera un 19 de septiembre.

Hace 32 años, los mexicanos nos amanecimos con un fuerte movimiento telúrico de 8.1 grados que devastó la capital del país. El reloj marcaba las 07:17 horas. La magnitud del terremoto acabó con alrededor de 10 mil vidas -según las cifras más aceptadas- y dejó a decenas de miles de familias sin vivienda.

El de ayer se dejó sentir con toda su fuerza destructora a las 13:14 horas y el Sismológico Nacional lo registró con una magnitud de 7.1 grados.

La desolación y el pánico se extendieron 32 años después a siete entidades, además de la capital del país.

Trágica coincidencia. Infeliz concurrencia del dolor y la muerte, del pesar y la impotencia frente a lo que (casi) nada se puede hacer.

Viene lo más difícil

Si hace 32 años los mexicanos estuvimos a prueba por un terremoto, hoy nuevamente el destino nos pone en esa línea.

Hace 32 años se tuvieron que enfrentar incluso la apatía, desorganización y mezquindad del gris gobierno de Miguel de la Madrid.

Fue la ciudadanía la que tomó las riendas de las tareas de rescate; fue la sociedad organizada, solidaria, participativa la que obligó al gobierno a dar la cara.

Hay que recordarlo porque hará falta esa organización y solidaridad. Vienen los días más difíciles, las tareas más complejas: rescatar a la víctimas de entre los escombros, vivos o muertos; hacer la lista de los desaparecidos y el padrón de damnificados; asegurar albergue seguro y atención médica y sicológica para quienes lo hayan perdido todo…

Habrá que hacerse el recuento de los daños e iniciar la etapa de la reconstrucción.

Sí, los mexicanos estaremos a prueba y a prueba deben ponerse gobernantes y políticos.

El destino quiso que fuera otra vez un terremoto.

Aquí se queda… !aquí entre nos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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