La efeméride dirá que el proceso electoral 2017-2018 parió de un gran terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter. Que el mero día de inicio se declaró luto nacional de 72 horas por la muerte de 61 personas; que más de 150 municipios de Oaxaca, Chiapas y Tabasco, sobre todo, quedaron gravemente dañados por el violento movimiento de la tierra.

Sí, en medio de la desgracia y la tragedia nació el proceso que culminará en julio del próximo año con la elección de 3 mil 326 cargos públicos. Eso dirá la efeméride.

No nos vamos a poner en plan místico ni por supuesto es nuestra intención jugar a las premoniciones, pero es de desearse que la sacudida que urge en el sistema político-electoral del país no termine en tragedia. Que no sean los comicios de 2018 motivo de confrontación y polarización al nivel que dañe a los mexicanos; que no abra el proceso espacios para la violencia de ningún tipo, y que el resultado de la contienda partidista no signifique regresión, sino consolidación de nuestra democracia.

Si se espera que en el 18 haya una sacudida al régimen político y de gobierno en México, ojalá que las propuestas y los votos conduzcan a un mejor país; no vaya a resultar que nos salga peor.

Hay que prevenirlo, ni hablar; y tomar todas las medidas que sean necesarias para evitar que la elección federal del 18 cause estragos entre la población.

Inició el largo y costoso proceso electoral mexicano, pues, y lo que sigue serán los meses de definición de candidatos y candidatas; la formalización de alianzas y los rompimientos inevitables; las ilusiones y las desilusiones; el tiempo de las promesas y las ofertas, que casi nunca se cumplen.

Por eso es tiempo de prevenir. Y como dice el clásico: en materia de prevención ninguna medida sobra.

Sería una tragedia que la sacudida al régimen que todos deseamos y esperamos nos condujera a un sexenio de luto por la pérdida de esperanza de un país mejor y más justo para todos.

¿Qué queremos que diga la efeméride del primero de julio de 2018? Buena pregunta para el fin de semana.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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