Andrés Manuel López Obrador tiene la costumbre de señalar a quien o quienes le incomodan. El tabasqueño pone el “dedo” y su grupo cercano se activa: es la mafia de Morena.
Muy políticamente correcto en las formas de llevar su pleito, Ricardo Monreal le ha llamado la “nomenklatura”; pero opera en realidad como una mafia política en la que, internamente, se castiga o sanciona al incauto e incauta que osa actuar como si estuviera en una organización democrática, honesta, de valores y principios. Es el peor de los pecados que se castiga en Morena.
No hay posibilidad de indulto, de audiencia y mejor ni hablemos de diálogo; menos si “el dedo” te acusa. Es implacable.
En en grupito -por compacto y reducido, no vaya a pensarse que por pequeñez humana- se creen dueños de vidas y como en todas las mafias, toca al jefe repartir el botín, en este caso, las candidaturas y los cargos.
Se pagan lealtades y compromisos. Pero sobre todo, complicidades.
Resultó una farsa, una gran mentira todo el discurso moralino que envolvió al partido de López Obrador desde su nacimiento: ni honestidad, ni democracia, de juego limpio ni cercano a la gente. Es un partido de viejas prácticas, a pesar de sus pocos años de existencia, y el grupito de mafiosos que lo controla, lucen como expertos de las peores prácticas no necesariamente del sistema político mexicano. Ahí cabe una peligrosa mezcla del autoritarismo dominante en los regímenes que tanto admira la izquierda pejista: Venezuela y Cuba.
Morena decepciona. Es la verdad. No es, ni con mucho, la alternativa partidista que se ofreció cuando nació; la antidemocracia y la falta de transparencia son las marcas de la casa, y se ha revelado como una franquicia propiedad de un sólo dueño, dispuesto a regalar candidaturas y cargos, siempre y cuando le aseguren incondicionalidad, complicidad para cuidar el negocio, porque también les queda claro: es negocio.
Por lo que son, pues, resulta curioso escucharlos hablar y presumir de todo lo que carecen: honestidad, cero; democracia, sólo para el grupito; saber perder, ¿qué es eso?; no a los chantajes, ¿cómo? Si de eso viven…
Son lo que son. Está en su naturaleza.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







