Los dirigentes del PRD se jugarán el resto y el próximo sábado suscribirán oficialmente el compromiso de poner todo a su alcance para la construcción de un frente amplio electoral con otros partidos y grupos sociales. Esa será su prioridad en las próximas semanas, han dicho los perredistas de cara a la reunión de su Consejo Nacional el 3 de septiembre.
¿Es el eventual frente, salvavidas del PRD e incluso del PAN? Puede ser visto así, en tanto sólo se consideren los números y las muchas encuestas que se harán en este periodo de definición de candidaturas rumbo al 2018. En la lucha por los cargos, todos los partidos hacen las alianzas que pueden y que les convienen para sus fines. Está permitido por la legislación y es una práctica muy socorrida en el sistema electoral mexicano.
¿Es factible su concreción? Se ve muy difícil, sobre todo por la marcada división entre los panistas. En el partido blanquiazul, la lucha por la candidatura presidencial ha degenerado en una guerra interna sin dar ni pedir cuartel, que amenaza con hundir al partido en una de su peores crisis desde su fundación, el 16 de septiembre de 1939.
La soberbia de los panistas, además, es veneno puro para los esfuerzos aliancistas: de uno o una de ellos quieren que sea la candidatura presidencial. Por su radar no pasa la posibilidad que sea un candidato sin militancia, de rostro ciudadano.
Esa arrogancia, además, los lleva a decir en público lo que ningún panista acepta en privado: que pueden competir solos, con posibilidades de triunfo. Saben que no es así.
¿Hace falta el frente para el país? Cuando surgió la ida y la hicieron pública los dirigentes nacionales del PRD y del PAN, a muchos entusiasmó. La sola idea de que ya no sea una minoría -atada y sin márgenes legislativos- la que gobierne es suficiente ancla.
La posibilidad de construir un gobierno de coalición a partir de 2018, con la suma de diferentes fuerzas políticas y sociales, de amplia mayoría y consensos en los temas torales para la nación, puso en el imaginario el acariciado sueño del cambio de régimen.
No son pocos en el país, en tanto, a los que asusta lo que hoy se perfila: el triunfo del priismo que significa que todo seguirá igual o la victoria del populismo autoritario de Andrés Manuel López Obrador.
Es decir, el verdadero riesgo es que las cosas empeoren.
Por eso se creyó en el frente amplio; por eso entusiasmó y surgieron promotores leales a una convicción: si las minorías partidistas siguen gobernando crecerá el riesgo de que aparezcan la tentaciones absolutistas.
Eso sí que sería catastrófico.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







