La bronca que se traen los panistas es de antología: no se recuerda un agarrón así dentro de las filas del blanquiazul y por la tensión de sus protagonistas parece que habrá más. Todos los días suben de tono las acusaciones que se cruzan.

Para meterle más emoción e intriga a la trama: todo en medio de la definición de su candidatura presidencial y las pláticas para ver si acaso se suman a un frente con otros partidos en 2018. “Despecho y traición”, podría ser el nombre del melodrama azul.

El triángulo que forman Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle encierra las más bajas y locas pasiones. Se encuentran en “estado de guerra”, diría el segundo, que parte y reparte culpas, a diestra y siniestra.

En serio va el pleito entre panistas, pero por eso y por lo mismo, sean serios y que alguien nos explique: ¿se puede negociar así la integración de un frente amplio? ¿con cuál de los ‘panes’ se negocia? Uno dice que sí, otro que no; uno que allá y otro que más acá.

Entre tanto, libran su “guerra” con misiles de alto impacto: la semana pasada le tocó a Anaya con la revelación de la lista de sus parientes ricos y los millonarios negocios inmobiliarios que han hecho. El crecimiento de la fortuna de la acaudalada familia está reconocido; queda la duda sobre las formas y si hubo o no tráfico de influencias.

En el turno, este semana le explotó a Moreno Valle una bomba, con la denuncia de un supuesto centro de espionaje, tortura y hasta de “ejecuciones” que creó y operó cuando fue gobernador de Puebla.

Los hechos que narra un ex empleado del Centro de Investigaciones y Seguridad Nacional (Cisen) que habría participado en la instalación y operación del supuesto centro de espionaje de Moreno Valle, configuran delitos graves, rebasan el escándalo mediático y urge que de verdad se investigue y aclare el asunto.

Imagínense todas y todos: Moreno Valle, aspirante a la candidatura presidencial por el PAN, espía, ordena “levantones” y “ejecuciones” de incómodos personajes con una malvada sentencia: “chínguenselo”.

Dicen que de los “ojos y oídos” del poblano no se escapaba ni siquiera el presidente Enrique Peña Nieto.

Zavala y su marido Felipe Calderón nomas observan, por lo pronto. Toman nota y se aprestan a ser observadores de “la guerra” que Anaya declaró al “PRI-gobierno”, pues está seguro que de allá vienen los ataques.

La precandidata presidencial y quien aspira a ser próximo presidente del DIF nacional, ya mandaron decir que ellos no van a esa “guerra”.

No es suya… la de ellos es contra Anaya. ¡Ay, jijos!

Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!

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