Se apuntaron Ángel Ávila, Vladimir Aguilar y Camerino Márquez como propuestas para presidir el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD en relevo de Alejandra Barrales, quien cumple horas extra en ese cargo.
Ávila es carta de Nueva Izquierda, corriente comandada por los Chuchos Ortega y Zambrano; Aguilar es el coordinador nacional del Foro Nuevo Sol, en la que manda el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, y la ex gobernadora de Zacatecas Amalia García. Por su parte, Márquez representa a la tribu que encabeza Héctor Bautista, Alternativa Democrática Nacional (ADN).
No, no hay acuerdo aún entre las tribus perredistas y por eso la presentación de tres candidatos para relevar a Barrales. Y como no se van a poner de acuerdo para que de entre ellos salga un presidente nacional respaldado por la mayoría, no se descarte que al final los líderes de esas corrientes pacten la integración de una dirigencia colegiada.
Para algunos esa sería la alternativa que hoy tienen los perredistas para evitar fisuras y pugnas internas que los debiliten en temas cruciales: la negociación del frente amplio electoral para el 2018, que aún sigue ahí como una posibilidad, y la cada vez más próxima definición de su candidato presidencial, con o sin frente.
Pero además, quienes están a cargo de la conducción del partido del sol azteca tienen ya que mandar señales de certeza a la militancia y cuadros estatales a los que no deja de encantar, seducir la idea de hacer caso a los llamados de Andrés Manuel López Obrador y partir a Morena.
Puede ser, como dijo la semana pasada Jesús Zambrano, que no haya nuevo y que los que ya se van es porque desde hace tiempo ya no estaban. Tal vez. Pero lo cierto es que las encuestas, por ejemplo en Ciudad de México, deben tenerlos en alerta: ninguna les da oportunidad de retener el gobierno de la capital y no falta el sondeo que los manda a la tercera posición.
Son esos escenarios los que hacen plantear la posibilidad de una dirección nacional compartida, por lo menos entre las tres corrientes que representan Márquez, Aguilar y Ávila, los tres de la lista.
Tres corrientes, además, cuyos dirigentes y asociados han dado la cara frente al lopezobradorismo y aguantado a pie firme la embestida, que no para en medios.
Ahora falta que se pongan de acuerdo; que cualquiera que sea la ruta que elijan para el relevo de Barrales sea sin pleitos ni raspaduras.
Lo que está muy próximo es mucho más importante y no pueden llegar sin los mínimos consensos: la definición de su candidato presidencial. De como lo resuelvan habrá de saberse si en verdad, como dicen los perredistas, es de ellos la clave para la elección presidencial del próximo año.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!




