Uno de los principales enojos de los mexicanos contra el sistema de partidos políticos, es lo caro que resulta mantenerlos. Es muchísimo el dinero que se destina y reparte entre nueve burocracias partidistas que, en los hechos, poco o nada sirven a los ciudadanos.

En el colmo, además de caros, son vistos como representantes mismos de la corrupción en el país y, según las encuestas encuestas del Inegi, ocho de cada 10 mexicanos desconfían de los políticos y sus partidos.

¿Qué beneficios tienen los mexicanos con los 6 mil 788 millones de pesos que el próximo año se asignarán al PRI, PAN, Morena, PRD, MC, PVEM, PT, PES y Panal? Absolutamente ninguno. Incluso tener tanta “representación” en las cámaras del Congreso de la Unión y en los Congresos locales no se ha visto reflejado en agendas legislativas que den pie a políticas públicas de bienestar para la población.

Durante muchos años se ha escuchado que la democracia mexicana es “muy cara”. Pero, ¿a qué democracia se refieren? ¿Qué tiene que ver la democracia con la existencia de tantos partidos sin mayor representación y a los que hay que darles recursos públicos para que sobrevivan?

Para nadie es un secreto, además, que algunos de estos partidos son manejados como empresas por pequeños grupos de interés o incluso familiares, únicos beneficiarios tanto del financiamiento que reciben como de los cargos legislativos y de gobierno que se reparten.

No por nada la percepción que existe en el país de que no hay mejor negocio que un partido político. Ganas dinero, mucho dinero y sin hacer nada. Bueno, sin exageraciones: casi nada.

Urge ya cambiar esta situación en el país. Pues en política real, lo cierto es que la existencia de tantos partidos, la mayoría de ellos paleros de los más grandes, es un freno para la democracia; la verdad, un estorbo. Y si alguien quiere tener su partido para hacer business político, pues que lo haga con sus recursos, pero ya no más con los públicos.

Tampoco es pretexto eso de que es mejor que reciban financiamiento público y evitar el riesgo de la infiltración de dinero de la delincuencia organizada en el sistema partidista.

No, no es pretexto este argumento, en todo caso es cinismo, mentecata necedad.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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