Pistas de lo que puede ocurrir en Morena una vez que finalmente Andrés Manuel López Obrador decida quién será su candidato al gobierno de Ciudad de México.
Los dos punteros en las encuestas, Claudia Sheinbaum y Ricardo Monreal, chocaron en un tema sensible para las izquierdas: el zacatecano planteó esta semana la necesaria alianza con el PRD, pues son tiempos de inclusión, tolerancia y apertura; la jefa delegacional en Tlalpan, lo refutó con un contundente no, pues la ciudadanía los castigaría en caso de esa alianza.
Sheinbaum se aproxima más a la línea marcada por López Obrador, quien ha dicho que el PRD es parte de la “mafia en el poder”. En medio del diferendo público entre quienes aspiran a la candidatura morenista en la capital, su líder máximo aportó señales: a principios del próximo mes se hará pública la adhesión de legisladores perredistas a su partido.
O sea, el tabasqueño apuesta por el desfonde perredista, no por una alianza. Mucho menos por una coalición. Y muchísimo menos en el ex Distrito Federal, donde todos los sondeos los colocan como claros favoritos entre el electorado.
¿Y qué dice Monreal? El delegado en Cuauhtémoc dijo que no se puede aspirar a gobernar con un sentido faccioso, unipartidista y monocromático.
¿De qué se trata? ¿Monreal marca distancia de AMLO? O chantajea al de Macuspana, a sabiendas de que la encuesta que inclinará la balanza no es más que un formalismo ante una decisión ya tomada y que favorecería a Sheinbaum.
Es más, si de verdad Monreal está retando al aspirante presidencial, hasta Martí Batres o Mario Delgado -los otros dos que serán encuestados- pueden ser mejor opción para el pejismo, que cuando antes quiere definir la candidatura chilanga para reforzar su estrategia rumbo al 2018.
Las pistas ahí están, pues, y son muy claras. Con todo y sus amagos, advertencias, temores y enojos entre los protagonistas.
Puede ser, como dice Federico Arreola, que a la rumba del safe, le falte el ponche de Monreal. Con lo que no contaba AMLO.
Las miradas y señales se cruzan en el centro del diamante.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!




