El primer gran reto interno que como partido enfrentará Morena será la definición de su candidatura al gobierno de Ciudad de México, a la que aspiran los delegados en Cuauhtémoc y Tlalpan, Ricardo Monreal y Claudia Sheinbaum, respectivamente, así como el dirigente local, Martí Batres, y el senador Mario Delgado.
Será una prueba de lealtad, de compromiso y de unidad. Se verá de qué están hechos los morenistas más pejistas. Y que nadie se engañe en caso de un acuerdo cosmético, porque las traiciones y los golpes bajos vendrán después, cuando más duele, ya iniciadas las campañas.
Los cuatro serán encuestados el próximo domingo por un grupo de consultores de las confianzas del líder morenista Andrés Manuel López Obrador. Encuestas independientes que se han hecho y publicado en diversos medios informativos de la capital enseñan que los únicos con posibilidades de imponerse en la consulta son Sheinbaum y Monreal. Los otros dos aparecen muy rezagados.
Hasta ahí todo parecería bien. Pero resulta que desde hace unas semanas se dejó correr la especie -nunca desmentida por el tabasqueño que manda en los destinos de Morena- de que Sheinbaum es su favorita y que la encuesta ya viene “cuchareada”, por usar el término que el propio AMLO utiliza cuando un sondeo no le favorece.
Y a Monreal parece no cuadrarle esa percepción; mucho menos, porque hasta el año pasado prácticamente todas las encuestas que se hacían lo presentaban como el puntero indiscutible entre los morenistas. Se formó la idea de que eran el zacatecano y los demás.
Pero apenas inició el primer semestre del año, primero se le apareció Batres, una y otra vez con espacio en los medios promoviendo sus aspiraciones. Para nadie fue un secreto que su desatada auto promoción tenía la venia de Andrés Manuel.
Entonces tomó fuerza Sheinbaum. Las filtraciones e insinuaciones en casi todos los espacios noticiosos de Ciudad de México le dieron forma a la decisión que hoy parece no tener reversa: la jefa delegacional de Tlalpan es la que cuenta con la “bendición” del líder máximo de Morena.
Por todos lados se ha recordado su cercanía con el de Macuspana; su paso por la Secretaría de Medio Ambiente capitalina durante el gobierno de López Obrador; sus méritos académicos y su lealtad inquebrantable. Pero sobre todo, un tema que ha calado hondo entre los monrealistas: frente a frente, ella encarna como pocos aquello de la “honestidad valiente”.
Derrumbados sus castillos, Monreal ha tratado de guardar la calma: por encima de sus propias aspiraciones políticas, está hacer de López Obrador el próximo presidente de la República. Eso ha dicho, pero…
La calma y la prudencia política de Monreal parece ha llegado al límite. Difícil creerle que sacrificará sus aspiraciones: dejaría de ser quien es. Pero tal vez, piensan algunos.
El caso es que filtraciones e insinuaciones periodísticas lo ponen fuera de Morena llegado el momento de que los encuestadores de AMLO coincidan con lo que dice el dedito tropical: Sheinbaum será la candidata. Nadie las desmiente.
Pero pueden ser sólo amagos del zacatecano, presiones y chantajes con la esperanza de que las encuestas y el dedito tropical -que es como el dedazo priista, pero en grado superlativo- lo favorezcan.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!
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