Chango viejo nunca aprende maroma nueva. El aforismo bien puede aplicarse al ex gobernador priista Víctor Manuel Tinoco Rubí, quien recurre a las muy conocidas prácticas de la traición, el golpe bajo, y el incumplimiento de acuerdos con objetivos claramente electorales.
En este lance, el ex mandatario michoacano rompe la alianza que tejió en 2015 con el alcalde de Morelia, el ex panista Alfonso Martínez Alcázar, cuya gestión ahora busca debilitar para revivir un viejo anhelo: gobernar en la capital del estado. ¿A través de su hijo, el regidor Jorge Tinoco?
¡Mmmm..! Para el caso es lo mismo. Es como si en Oaxaca -valga el ejemplo- alguien pusiera en duda la injerencia de José Murat en la gestión de su hijo Alejandro, actual gobernador. Cosas del viejo PRI, pues.
Pero a ver, a ver. ¿Cómo dicen que es? Los priistas, que bien conocen las mañas de Tinoco papá nos contaron que la rebelión contra el alcalde independiente no puede entenderse sin la participación del ex gobernador, que se vale de su hijo para abrir fuego contra Martínez Alcázar y ponerlo contra la pared, en caso de que el primer edil opte por la reelección el próximo año.
Si, Jorge siguió el ejemplo de Alfonso y ambos llegaron por la vía independiente. Los dos formaron parte de la misma planilla ganadora. Es obvio, dicen nuestras fuentes en el tricolor, que Jorge se sumó con la venia del padre, quien se llevó su primera decepción cuando Martínez Alcázar se inclinó por Marisa Garrido para encabezar la lista de regidores, en lugar del vástago.
La incipiente sociedad no se rompió no tanto por convencimiento en el proyecto, sino por el cálculo del ex gobernador y de su hijo, quien ya iniciada la administración ha hecho equipo con los grupos de interés que se formaron, consolidaron y extendieron durante la gestión de Tinoco Rubí.
Unidos, dieron la batalla y obtuvieron posiciones clave en comisiones que inciden sobre el presupuesto, la obra pública y el gasto del ayuntamiento. Desde ahí han presionado y obtenido privilegios, especialmente Jorge Tinoco, que a la cabeza de la comisión de Desarrollo Urbano autoriza o desautoriza todo lo relacionado con fraccionamientos en la ciudad.
Ni qué decir de contratos de publicidad para los talleres familiares y de obra pública para sus cercanos, así como la inclusión de parientes y amigos en la nómina.
Pero ha dicho el que manda y mueve los hilos: es hora de dar el siguiente paso e ir por el negocio redondo. ¿Una diputación local no vale? No. Eso tal vez fue al principio.
Los tiempos cambian y las ambiciones son muchas: Tinoco papá ve ahora la posibilidad de la alcaldía, con Jorge presumiendo “credenciales ciudadanas” y él operando desde el PRI, a cuya dirigencia pretende convencer de que es la opción, tanto para acabar con el control que durante años ejerció Fausto Vallejo como para regresar al palacio del ayuntamiento.
Ahora, más mal que bien, vienen las preguntas: ¿necesitará el PRI, viejo y todo, de los Tinoco? ¿Así de grande es el vacío y de oscura la orfandad?
¿Y qué dicen los jóvenes en el tricolor?
¿A poco así de gris está el panorama?
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







