La construcción de un frente amplio electoral en el que confluyan PRD y PAN pasa por la difícil negociación que los ponga de acuerdo en la elección -por lo menos del candidato presidencial- y los términos y alcances de un gobierno de coalición, en caso del triunfo en las urnas
Por eso ni siquiera se ha hecho la convocatoria nacional que muchos desde la academia y el apartidismo quisieran ya escuchar. Pero las dirigencias partidistas no la harán porque es de ellos la prerrogativa de definir metido de selección y origen del candidato y la agenda de la eventual coalición, que para muchos no es otra más que la repartición de cargos.
Y resulta chocante decirlo pero es imperioso ponerse de acuerdo desde ahora, pues si bien la figura de los gobiernos de coalición existe en la Constitución, carece de la reglamentación debida que establezca obligaciones, responsabilidades y escenarios legales para los coalicionistas.
En el caso de la candidatura presidencial, está claro que se trata del más grande de los escollos. Desde el flanco de los perredistas parece no haber tanta dificultad en el origen de la posible postulación, claro siempre y cuando sea de la sociedad civil, no panista; de lado de los azules sí es tremendo el frentazo: no van a aceptar -eso lo tienen claro todos los grupos- una candidatura que no sea de los suyos.
En lo que sí hay coincidencia en ambos partidos es que se trata -la selección de candidato- de “un derecho” que no compartirán con externos. Vaya, no está en su ruta abrir esa discusión, como algunos quieren y proponen, a la sociedad civil, ni a la academia, ni a los intelectuales ni a las organizaciones de la sociedad civil.
Desde el blanquiazul la pregunta se plantea; es de descarte: ¿y desde la academia o la sociedad civil quién pinta y despunta? Tampoco se trata de inventar, atajan. Aciertan en el blanco.
Por ahí van las pláticas en torno del frente amplio. En esos términos y con esos enredos.
Y lo que son las cosas, la asamblea nacional del PRI puede devenir en factor determinante para el futuro de los frentistas.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







