Los sindicatos y anexas tergiversan el concepto de la autonomía universitaria a su conveniencia; se creen dueños de la Universidad y así actúan, con absoluta impunidad. Se imponen y la cierran cuando su gana les da. Tienen la fuerza para hacerlo. Pero no la razón. Sus cálculos y movilizaciones políticas son una farsa y, en los hechos, un atentado contra la comunidad.
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