Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan, citó Andrés Manuel López Obrador recientemente. Y presumió que de esos es el suyo. Sí, puede jactarse de ello porque a su alrededor todos lo cubren y lo encubren.
¿Hasta cuándo va a durar esa relación entre ‘El Peje’ y sus acólitos? Puede ser que crucen juntos el pantano que serán las campañas del próximo año, pues tienen claro que interés con interés se paga.
Ahora, eso de que van limpios y cruzarán impolutos la prueba, eso sí que ya está en duda. Cada vez son más los indicios y los personajes en escena que hacen presumir que la “honestidad valiente” con que se fundó el partido Morena es mera fantasía y que la lucha contra la “mafia en el poder” es una patraña más, como aquella de sacar a patadas de Los Pinos a las tepocatas y víboras prietas. ¿Se acuerdan?
No hay diferencias. Tan populista fue Vicente Fox como lo es ahora López Obrador.
¿Pero hasta cuándo durará el encubrimiento al Peje? ¿Cuánto más soportarán sus fieles cargar con todas las culpas mientras el líder graba videos presumiendo su inmaculada estampa?
Cualquiera que esté leyendo la información y declaraciones que surgen en torno al caso del delegado de Tláhuac, Rigoberto Salgado, y el cártel de ‘El Ojos’, puede anticipar desde ahora cómo terminará la historia en caso de que se destape la cloaca: las penas y el lodo los cargará la jefa delegacional en Tlalpan, Claudia Sheinbaum, a quien incluso podrían sacrificar en sus aspiraciones de ser la candidata de Morena al gobierno de Ciudad de México en 2018.
Así fue con el caso Ponce; así ocurrió con Bejarano; el mismo Marcelo Ebrard no se salva de haber sido utilizado como tapadera… así ha sido siempre: todo para que Andrés Manuel cruce pantanos sin enlodarse.
Es la historia de los sacrificables acólitos del Pejesías de Macuspana.
Desechables al interés del líder.
Planteado de otro modo, más cercano a la terminología pejista: ¿Habrá rebelión en la granja?
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







