El México bronco que descubrió y explicó el periodista estadounidense John Kenneth Turner a principios del siglo pasado sigue dormido. En algunos momentos, a lo largo de más de cien años de historia, ha dado algunos manotazos. Que siga dormido, dependerá en mucho que, efectivamente como dijo el gobernador Silvano Aureoles, encontremos pronto el México justo.
Porque hay bestias que están muy despiertas y andan sueltas, desatadas: la delincuencia, la corrupción y la impunidad. Ese México violento, de la criminalidad, de los asesinatos y las ejecuciones sumarias por el tráfico de estupefacientes y de personas, ese México dominado por los cárteles y sus capos lo carcome todo.
Ciertamente un país justo para todos y cabal cumplimiento de las leyes, es la mayor de las aspiraciones de los mexicanos. Y no ha pasado de ahí. De una enunciación jamás cumplida, a la que en estos más de cien años ni siquiera nos hemos aproximado.
La regla en el sistema que no ha cambiado es la de los abusos y la falta de justicia y de oportunidades para la inmensa mayoría.
Pero la culpa no ha sido del Mexico bronco, sino de ese sistema, del régimen partidista y de gobierno que incluso sometió y domó cualquier manifestación de rechazo, con bronca o sin bronca.
Y para colmo dejó crecer -sí, el régimen- las descomunales bestias que andan sueltas y con las que ya no se sabe qué hacer.
¿Podrá el régimen controlar sus bestias? Esa es la pregunta y son las dudas. Porque los mexicanos están muy encabronados. Y vienen las elecciones.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!
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