Ya preparan el escenario y la trama para victimizarse. Una nueva versión del complot, ahora con dramatización de narcoserie.

El partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no tiene nada qué explicar ni qué decir sobre el delegado de Tláhuac, Rigoberto Salgado, a quien todos los elementos apuntan como probable proyector y benefactor del cártel de Tláhuac, pero sus dirigentes recurrirán a lo que mejor les sale: la victimización.

La versión ya está muy choteada. Pero ahí van de nuevo. El presidente morenista en Ciudad de México (CDMX) Martí Batres, dijo ayer que toca a la procuraduría capitalina decir si el delegado en Tláhuac es investigado por presuntos nexos con la organización criminal que lideraba “El Ojos” y recordó que Morena entregó los expedientes de todos sus candidatos en 2015 a la PGR y que no resultó nada en contra de Salgado.

Fuera de los lugares comunes en los que cayó Batres (eso de los certificados que los partidos piden a la PGR es una tomadura de pelo que ya explicaremos en otra entrega), cabe preguntarle: ¿Y la responsabilidad política? ¿A poco los morenistas no fiscalizan las campañas de sus militantes? ¿Nunca preguntan de dónde viene el dinero que gastan? ¿Nomás lo agarran y ya?

Esas preguntas las tiene que responder el señor Batres y por supuesto su jefe, Andrés Manuel López Obrador.

O nos van a salir al rato con el estribillo de que es otro complot de la “mafia en el poder”. Que a Salgado no lo investigaron las procuradurías y que ellos, los pejistas, lo impulsaron y lo hicieron jefe delegacional porque de los arrepentidos es el reino de los pecadores. O algo así.

Y para completar, la jefa delegacional de Tlalpan -también de Morena-, Claudia Sheinbaum y su aliado Alejandro Encinas exigieron que el jefe de Gobierno de CDMX, Miguel Ángel Mancera, ofrezca una explicación sobre la incursión militar en Tláhuac contra el cártel de “El Ojos”; clamaron por el respeto a la autonomía de la capital del país, y compararon la balacera en la colonia La Conchita el jueves pasado con Tlatelolco en 1968.

Apueste usted que aquí viene la retahíla: “no a la militarización de la ciudad… no a la criminalización… quieren inhibir la participación ciudadana”. Y bla bla bla.

Se volvieron predecibles. Y que los compre el que no los conozca.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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