El cruento enfrentamiento ayer entre elementos de la Marina y sicarios del ‘Cártel de Tláhuac’ sacudió al jefe de Gobierno de Ciudad de México (CDMX), Miguel Ángel Mancera, y a los 16 los jefes delegacionales que durante meses negaron la existencia de grupos del crimen organizado. La balacera y los narcobloqueos que por primera vez se vieron en la capital del país generaron terror entre la población.

La información que se ha dado conocer es que desde el mediodía de este jueves cerraron los negocios en varias colonias de la delegación Tláhuac, por miedo a nuevos enfrentamientos, en tanto que las escuelas de nivel básico que aún mantienen actividades decidieron cerrar sus puertas hasta el próximo lunes.

Así, el de ayer debe registrarse como un día negro más, de los muchos que hemos contado en el país en la última década, desde que la llamada “guerra” contra el narcotráfico convirtió convirtió el territorio nacional en un gigantesco campo de enfrentamientos a balazos, violento e inseguro.

No es para menos: por primera vez en estos años, la capital del país, sede de los poderes de la Unión, fue escenario de narcobloqueos en sus avenidas y sus habitantes testigos de una balacera a plena de luz del día, en plena calle.

Los cuerpos de ocho presuntos narcos, entre ellos el jefe del cártel de Tláhuac, Felipe de Jesús Pérez Luna ‘El Ojos’, quedaron tirados en la colonia La Conchita de esa demarcación.

Tras el enfrentamiento, otros sicarios de la organización -que controla el tráfico de drogas también en las delegaciones de Iztapalapa, Milpa Alta y Xochimilco, así como el narcomenudeo en Ciudad Universitaria y sus alrededores de la delegación Coyoacán- robaron vehículos y mototaxis para incendiarlos y bloquear calles y avenidas.

¿Qué ganaron Mancera y los delegados negando lo que se denunciaba a través de los medios de comunicación? ¿Por qué evadieron responder a la escalada de violencia reportada y documentada?

La burbuja en la que se metieron -en el caso de Mancera con una marcada soberbia- ayer reventó y la realidad los avasalló de la peor manera: a costa de la tranquilidad de los capitalinos.

Con base en lo anterior, el jefe de Gobierno debe una amplia explicación a los habitantes de la megalópolis, sobre todo porque paralelamente al rechazo de la presencia de grupos criminales, se convirtió en uno de los políticos que abierta y marcadamente empezó a construir su anhelada candidatura presidencial.

Sería una irresponsabilidad, por decir lo menos, que por un cálculo político hubiera decidido evadir la realidad que este jueves, literalmente, le estalló, evidenciando sus omisiones en la tarea que le toca del combate a la delincuencia.

Ahora otra pregunta: ¿sirvió de algo? Ahí están las consecuencias.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí