Hace apenas dos años se vivía en el país la efervescencia por las llamadas candidaturas “independientes”. Alboroto especial había por el triunfo en Nuevo León del ex priista Jaime Rodríguez “El Bronco” y con él entusiasmaban el ex priista y ex perredista Enrique Alfaro y el ex panista Alfonso Martínez Alcázar. Parecía que ser “ex” era algo así como el pasaporte al mundo de Harry Potter.
Pero de las idílicas aventuras de niño mago no había más que monstruos de la ‘realpolitik’ a la mexicana. Quienes fantasearon se dieron de topes en la pared (¡pum, pum!) y se despertaron fuera del Castillo de Hogwarts. Tampoco estaban, ya de perdis, en Orlando.
La realidad no tiene remedio: El Bronco es el peor gobernador de Nuevo León de los últimos años; Alfaro ha sido globo que todos los días se desinfla más, y Poncho Martinez Alcázar flota sin intentar nadar.
Quienes se ilusionaron pronto se desilusionaron. Tampoco había ilusionistas; más bien espejismos. Y varios, muchos fantoches y escribidores veletas que llegaron a vaticinar que la elección federal se definiría por la ruta independiente y que, sin más, encumbraron al tal Bronco hasta creerlo presidenciable.
Pero no es lo mismo andar de ocurrente y bravucón, que ejercer un plan de gobierno y ejercerlo bien; no es lo mismo soltar la lengua, que conectar las neuronas con las palabras; no es lo mismo hablar sin pensar, que pensar lo que se habla.
Famas que pronto se desprestigiaron, muy pronto dinamitaron la opción que ellos mismos habían fabricado y a la que muchos se sumaron.
Todo esto vale decirlo, porque precisamente a un año de la elección presidencial, y ante el creciente disgusto que provoca el gobierno de Enrique Pena Nieto, no faltan los riesgos de que surjan por ahí otros espejismos y más confusiones. Famas pasajeras que causan enorme daño al país, por la polarización y frustraciones que acumulan entre el electorado.
En tal sentido, se trata también de un llamado a quienes hoy proponen e impulsan la posibilidad de confirmar un frente partidista y ciudadano para postular un gobierno de coalición rumbo a 2018, para cerrarle el paso a los fantasiosos y oportunistas que acechan en busca de la oportunidad de sobresalir, sin mayores méritos y sin trayectoria pública y política que los respalde.
Perredistas y panistas, sobre todo, deberán ser vigilantes de que el proceso de negociación en el que están -de por sí difícil y con la historia jugando en contra- pueda contaminarse con una de esas ocurrencias como las que luego aparecen cuando se juntan el hambre con la necesidad.
Plantear la idea de un gobierno de coalición debe ser cosa seria para la nación. Y si en el camino las negociaciones no fructifican, déjenlo ahí. Eviten las tentaciones y no habrán paso a las desilusiones.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!
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