Texto: Rodrigo Sandoval/Fotos: ACG

 

Morelia, Michoacán.- El distinguido pintor moreliano, Alfredo Arreguín, recibió esta tarde de manos del alcalde Alfonso Martínez Alcazar las Llaves de la Ciudad, que de manera simbólica le otorgan la posibilidad de abrir todas las puertas del municipio michoacano.

La llave está hecha de metal y elaborada por manos morelianas, que simboliza en la punta una de las torres de la Catedral de Morelia y en el costado superior dos de los arcos del acueducto de la ciudad.

Al respecto, Miguel Salmón del Real, secretario de cultura del Ayuntamiento capitalino destacó que la obra de Arreguín es como caer en un túnel de caleidoscopios y azulejos, texturas y colores que te transportan a todos lados menos al que ocupa.

Además resaltó que sus pinturas evocan a México, con su artesanía, sus azulejos y sus alebrijes, a sus culturas ancestrales y milenarias tradiciones, a su gente y a su historia. Morelia se ha convertido en una de sus principales fuentes de inspiración para realizar los trazos tan característicos que han trascendido internacionalmente.

Por su parte, el presidente municipal de Morelia manifestó que es un honor reconocer a un moreliano ilustre, cuyo trabajo ha atravesado fronteras y maravillado a miles de personas alrededor del mundo.

Enfatizó que Alfredo Arreguín es uno de los máximos exponentes artísticos de la ciudad, motivo por el cual se le rinde el homenaje, ya que ha puesto en alto el nombre de la capital michoacana.

Al o largo de su historia, el artista Arreguín ha abstraído los colores, paisajes y figuras de esta tierra, convirtiéndolas en postales que reflejan la belleza de Morelia y de México.

Posterior a la ceremonia de entrega, el artista michoacano ofreció una conferencia magistral, donde mediante una selección de varias fotografías narró detalladamente su evolución artística, desde su infancia, cuando a los 9 años inició sus estudios en Bellas Artes.

Las fotografías fueron un paseo virtual a través de su vida, mostrando momentos icónicos que en algún punto lo marcaron. Por espacio de 40 minutos deleitó a los presentes con sus más gratas experiencias congeladas a través de una lente fotográfica o algunas, incluso, interpretadas de forma abstracta por su pincel, acompañadas de una narración característica y sin igual a cargo del artista.

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