A partir de este lunes 5 de junio, entramos de lleno a largos doce meses de campañas partidistas por la Presidencia de la República. No sería tan dramático como se escucha, si nuestra democracia alcanzara para un periodo real de debate y presentación de propuestas y, por qué no, para la construcción de consensos.
Pero lejos estamos de esos escenarios. Si lo que acabamos de presenciar en los procesos electorales de los estados de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, es el preludio de lo que veremos en la contienda por la Presidencia, lo que nos espera son 364 días de máxima polarización, corrupción partidista, acusaciones, violencia política, chantajes y trampas.
Todo azuzado -a gran escala- desde las redes sociales, convertidas por los partidos en el mejor vehículo para promover el odio y la confrontación; la discordia y la descalificación. Las mentiras que de tanto repetirse quieren convertir en verdades.
Quién gane o quién pierda, en estos días, puede resultar hasta irrelevante para la mayoría de los mexicanos, decepcionada y ajena a los intereses de las élites que se enfrentan por el poder.
Si lo que pasó en el Edomex -sobre todo- pero también en Veracruz, Coahuila y Nayarit fue la antesala, lo que sigue será un berenjenal digno de la peor pesadilla de algún personaje de la siniestra marca Nicolás Maduro o Donald Trump.
Sí, porque a lo que sigue al desencanto de la democracia -que es a lo que están condenando a esa mayoría, casi toda menor a los 55 años- es el autoritarismo y al totalitarismo.
La vuelta al pasado, pues, y a la mexicana, o sea, sin mirar al futuro. Que no conoceremos… Porque no nos dejan llegar.
¿Qué esperar o en qué confiar? De los resultados de mañana en las urnas, muy poco. Tal vez nada. O peor: el trágico desencanto.
Gane quien gane -incluso la llamada ‘joya de la corona’, que así se ha etiquetado el Edomex- no será sino el triunfo de una de las élites en pugna por el poder.
Nada más trágico para la democracia en el país.
Hagamos votos: puede surgir en los próximos meses en el país una propuesta diferente, alternativa a la violencia que estamos atestiguando. Hagamos votos.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







