Cumplidas dos semanas de la desaparición forzada del director de TV6 de Nueva Italia, Salvador Adame Prado, tanto la Procuraduría General de Justicia de Michoacán (PGJE) como la Procuraduría General de la República (PGR) siguen diversas líneas de investigación para dar con el paradero del periodista, sus captores y el móvil de la agresión.
Ambas dependencias han dicho que se sigue cualquier indicio que pudiera apuntar al crimen organizado y la actividad informativa de Adame Pardo, pero en el curso de las pesquisas han surgido, además, información, personas y hechos que se tienen que investigar. No hay de otra y tampoco se pueden descartar, pues de lo que se trata es de dar con los responsables de la desaparición del comunicador.
Bien hacen las procuradurías en mantener las indagatorias en varias pistas, pues en éste como en cualquier otro caso que se investigue, lo importante es que no haya impunidad y se castigue a los culpables, independientemente de las motivaciones del delito.
Por el contexto que se han dado los acontecimientos, lo deseable, por supuesto, es que se trate de una investigación profesional, responsable y apegada a derecho. Que no deje dudas ni elementos a la interpretación. Sería lo peor que pudiera ocurrir.
Pertinente también resulta no descalificar a priori el trabajo de las procuradurías ni pretender investigaciones en una sola dirección.
De insistir en lo contrario, ¡ojo!, podría provocar que los responsables del atentado contra Salvador queden impunes. Nadie quiere eso, ¿verdad? Mucho menos su esposa y sus hijos.
La indagatoria, pues, tiene que seguir su curso. Ojalá, pronto, aparezca con vida Salvador Adame, y que los responsables de su desaparición sean capturados y castigados, sea cual sea la motivación de su delito, para lo cual y por cierto resulta imprescindible aprehender tanto a los autores materiales como a los intelectuales del atentado.
El procurador estatal Martín Godoy Castro, sobre todo, sabe que por el contexto en que ocurrieron los hechos trae un tema no caliente, sino rojo vivo. Y sabe que no puede rehuirle… Cualquiera que sea el móvil del delito.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







