FOTOS: ACG

Alejandro Amado

Morelia, Michoacán.- María Guadalupe Ramírez es una mujer indígena que no sabía hablar castellano, tampoco sabía leer y escribir. Se enamoró como cualquier joven de su edad y quedó embarazada; decidió tener a su hija luego de que su pareja no se hiciera cargo, lo que desató el rechazo de sus padres, por lo que tuvo que salir de su comunidad en la zona lacustre del Lago de Pátzcuaro, Santa Fe de la Laguna. Después de dar a luz a su hija, nunca la volvió a ver.

Buscó ayuda en Quiroga, la cabecera municipal, donde no atendieron su petición de buscar a su hija, cuya partera había regalado, después se supo, a un hermano y su pareja en el estado de Puebla.

Y es que, temerosa de la reacción de su familia, María Guadalupe ocultó bajo su indumentaria purépecha su embarazo casi hasta los últimos días. Al confesarles la situación, fue corrida de la casa, de donde se fue directamente con una partera porque el tiempo de alumbrar se acercaba. Horas después Natalia Araceli vio el mundo por primera vez.

Al despertar de la convalecencia, lo primero que hizo Guadalupe fue encargar a su hija con la partera e ir con su familia a pedirles perdón, pero fue nuevamente rechazada. Al regresar con la partera, originaria de Purenchécuaro, esta le dijo que ya se había hecho cargo de la niña, que la había dado en adopción a unos doctores en Puebla.

Fue entonces que buscó ayuda con distintas autoridades en Quiroga, donde no la atendieron, algunos por no entender la lengua, otros porque aun conociéndola, le recriminaban haber dejado sola a su hija.

Luego de eso Guadalupe decidió ir con otros familiares a una comunidad cerca de Zitácuaro, donde una tía acudió al DIF municipal, donde sí tomaron las acciones en las que las que las autoridades municipales de Quiroga fueron omisas e incluso revictimizaron a la mujer. Fue ahí también donde entró a colaborar la Comisión Estatal Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEEAV).

Con la colaboración del DIF municipal de Zitácuaro, de la CEEAV y de la Procuraduría General de Justicia del Estado, fue que tras interrogar a la partera esta soltó la información de que la niña estaba en Puebla bajo el resguardo de una pareja. La localización de la niña se realizó en cuestión de días, la cual había sido abandonada cuando al buscar atención médica sus “padres” no pudieron explicar la posesión legal.

De manera que el delito de sustracción de la menor en Michoacán se sumó al del abandono en Puebla, por lo que la búsqueda y localización fue rápida. Sin embargo, fueron los procedimientos legales los que impidieron que la niña pudiera reunirse con su madre, pues la burocracia característica de este tipo de casos causó que tuviera que pasar casi un año y un mes para que Guadalupe volviera a ver a su hija, luego de que se hicieran las pruebas de genética pertinentes.

Este día la madre y la menor fueron presentadas ante medios de comunicación. Las instituciones coadyuvantes en la localización y la recuperación de la menor destacaron que pese a que pasó un año, en realidad el trámite fue rápido.

Actualmente María Guadalupe vive con su hija en un rancho en Zitácuaro, y ahí mismo trabaja. La joven decidió no regresar a su comunidad natal y ha aprendido a hablar español en el tiempo que esperó para volver a abrazar a su hija.

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