Gordillo, Fausto y los que se acumulen: la otra cara de AMLO
Esta claro que a diferencia de 2006, cuando también despuntó como el favorito de las encuestas para ganar la presidencia de la República, ahora en su tercer intento por lograrlo, Andrés Manuel López Obrador está dispuesto a pactar con quien sea y de donde venga, a fin de alcanzar su gran objetivo: despachar en Palacio Nacional.
Así lo demuestran sus acercamientos y acuerdos con el grupo de la ex dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo Morales; el ex gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo Figueroa, y personeros, parientes y empleados de algunos de los empresarios más ricos del país.
Este pragmatismo, que en política real pueden muchos aplaudirle al político tabasqueño, puede, sin embargo, restarle mucho en credibilidad, simpatías y confianza en los sectores sociales, académicos, intelectuales y de la misma izquierda que durante años lo han visto como “la única opción” de cambio en el país.
Hasta hoy el más visible acaparador del voto antisistema, el tabasqueño podría perder esa áurea, en caso de seguir evidenciándose en sus acuerdos con personajes y grupos que para una buena cantidad de mexicanos representan los intereses de “la mafia en el poder”, como él mismo la ha identificado.
Con esas sociedades, difícilmente el de Macuspana podrá mantener la imagen del político capaz de romper y dar fin con el modelo económico y político que, según su campaña, acabará apenas tome posesión como titular del Ejecutivo federal. Muy por el contrario, López Obrador puede empezar a ser visto como otro más de los “ambiciosos vulgares de los cargos y del poder”.
Para distinguirse de ellos -por seguir citándolo-, alegó siempre que él no luchaba por los puestos públicos, sino “por ideales”.
¿Le seguirán creyendo? La fanaticada que tiene, que es grande, sin duda que que sí. Nunca le cuestionan nada. Pero el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México ha de estar consciente de lo que se juega en credibilidad en los sectores sociales no fanatizados.
En sus cálculos parece estar convencido que “ahora sí, la tercera es la vencida” y que los acuerdos a escala nacional con Gordillo y sus operadores, y estatales con personajes como Fausto Vallejo, en el caso de Michoacán, pueden darle el “control territorial” de un segmento de votantes que le asegurarán el triunfo en 2018.
Pero eso es sólo cálculo; la realidad es otra: difícilmente podrá sostener en los próximos doce meses la bandera de que él y solo él representa el cambio.
Aquí se queda… !Aquí entre nos!




